Para entender la política

Diciembre 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Si me preguntaran por los cinco libros que más me han marcado en la vida en la lista no podría faltar El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, uno de los clásicos del pensamiento político, escrito en el año 1513. Su lectura nos ofrece una serie de claves fundamentales para comprender la lógica del comportamiento de los hombres en la política, lejos de los moralismos con los que mucha gente se deja engañar. El florentino fue el primer autor de la historia de la cultura que presentó la política tal como es y no como debería ser. Si desde la eternidad pudiera conocer la situación colombiana del año 2016 encontraría aquí excelentes ilustraciones para sus planteamientos.La finalidad de un gobernante, nos dice, es conquistar, conservar y aumentar su poder y a ese punto de vista todo se debe subordinar. El Príncipe (o sea el gobernante) no debe guiarse por ideales morales que prescriban cómo debe comportarse. Debe saber cómo viven los hombres y no cómo deberían vivir. Debe tener un conocimiento de la real condición humana y usar ese conocimiento para la defensa de sus intereses o, de lo contrario, correría a “su ruina segura e inevitable”. El punto de partida de Maquiavelo es considerar que “los hombres son malos y egoístas” y el Príncipe no ha de ser el “bueno entre los malos”. Si puede engañar impunemente porque es provechoso para sus intereses debe hacerlo. Los hombres son “débiles, incautos y tontos”, juzgan por las apariencias y carecen de la suficiente perspicacia para ver “más allá de lo que ven sus ojos”.El Príncipe debe luchar para que lo tengan por “piadoso, bueno, fiel, clemente, amante de la justicia”. Pero debe saber comportarse en sentido contrario si las circunstancias lo ameritan. Si sus obras y sus palabras coincidieran, su fracaso sería inevitable. Pero no es ni siquiera necesario practicar el bien, basta con aparentarlo, si eso tiene el mismo efecto.En un capítulo emblemático del libro Maquiavelo se pregunta si el Príncipe debe ser más amado que temido. Y siempre en la misma lógica de pensar que su único fin es el éxito en su gestión como gobernante, Maquiavelo responde que toda virtud o todo vicio tienen su medida. Es importante ser amado pero más importante aún es ser temido porque “el temor crea una relación más sólida y más fuerte que el amor”. En otro capítulo se pregunta si el Príncipe debe cumplir con las promesas que en algún momento hizo. Y la respuesta va en el mismo sentido: todo depende de lo que signifique el cumplimiento de esas promesas para el mantenimiento de su poder. Si le causan perjuicio y han cambiado las circunstancias del tiempo en que se comprometió no está obligado a cumplirlas. El Príncipe debe ser “astuto como el zorro para conocer la trampa y fuerte como el león para espantar al lobo”.Mucha gente cree que Maquiavelo es simplemente un cínico. Pero no hay tal. Era un convencido republicano, que se preocupaba por salvar a Italia de la anarquía y por lograr la unidad nacional de que carecía ese país en aquella época. Y por ese motivo no se encuentra en el infierno, como muchos creen, por haber sido el autor de un “manual de la astucia y la maldad”. Todo lo contrario. Describir la política tal cual es no es incompatible con creer en valores morales y con tratar de sacarlos adelante por esta vía, que es la única que tenemos.Durante todo el año 2016 he escrito columnas para este periódico sobre el proceso de paz y debo confesar que siempre he tenido en mi mente las enseñanzas de Maquiavelo, para entender muchas de las cosas que han ocurrido. Si he escrito algo interesante, en mi pasión por Maquiavelo está el secreto. Y por eso lo invito, amigo lector, a que lea este libro. Si no lo quiere leer todo hágalo por lo menos desde el capítulo XV en adelante. No es una inocentada del 28 diciembre.

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