No a la violencia

No a la violencia

Abril 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El pasado jueves 7 abril se llevaron a cabo manifestaciones pacíficas contra el proyecto de reforma de la Ley 30 de la educación superior en muchas ciudades de Colombia, sin que se presentaran mayores incidentes de orden público. La prensa hizo cálculos relativamente bajos del número de participantes, como vimos en Cali, donde se habló de sólo 8.000 personas, pero que en realidad fueron más de 20.000. Días antes, también en Cali, los estudiantes de la Universidad del Valle llevaron a cabo una hermosa manifestación de protesta pacífica consistente en tomarse de la mano y rodear en un amoroso abrazo todo el campus universitario, en contra de la amenaza que se cierne sobre las universidades públicas. Lo importante de resaltar es que la violencia en ninguno de los casos estuvo presente. Cuando se presentaba algún pequeño conato de desorden, el rechazo de los participantes no se hacía esperar para contener con rechiflas a los que querían sabotear las movilizaciones o a los que pintaban las paredes. Este tipo de actos de protesta deben convertirse en un modelo de lo que debe ser la expresión del descontento frente a una medida gubernamental.Una de las consecuencias más graves de la existencia de grupos armados en Colombia ha sido precisamente el hecho de que, con la amenaza de transformar en actos violentos las acciones populares, han bloqueado la posibilidad de que la gente salga a las calles y exprese su descontento. Lo que debemos aprender es precisamente a tramitar los problemas por la vía pacífica. Y ese aprendizaje se debe llevar a cabo por diferentes vías. No sólo se requiere que los que protestan aprendan a hacerlo de manera civilizada y a aislar a los saboteadores, sino que los que están en el otro bando, o no están de acuerdo con este tipo de expresiones, aprendan también a respetarlas y a valorarlas, así se abstengan de participar.El agudo conflicto de violencia que vive Colombia es extremadamente complejo y responde a múltiples motivaciones. Sin embargo, en medio de todas ellas hay que resaltar la presencia de los conflictos sociales, las enormes desigualdades existentes, la falta de acceso a las oportunidades mínimas en todos los campos. Y lo importante es que la lucha contra estas situaciones oprobiosas no opte por la vía de la violencia, que es extremadamente contraproducente y termine por arruinar la posibilidad de solucionar los problemas. Igualmente, el ejercicio del poder público en el marco de una democracia requiere de múltiples controles para que los gobernantes no hagan lo que les venga en gana. Y también en este aspecto las manifestaciones públicas adquieren un inmenso significado como mensaje a los gobernantes de que tienen que contar con los intereses y las preocupaciones populares.El camino para llevar a cabo las grandes transformaciones sociales en el mundo contemporáneo no es la revolución sangrienta. La vía regia es la conformación de fuertes movimientos sociales, diversos y pluralistas, que se conviertan en los canales de expresión de los intereses y las reivindicaciones fundamentales que provienen de la propia sociedad y que se constituyan en mecanismos de control de los gobiernos. Que nadie se asuste con las manifestaciones. Una gran movilización popular de las gentes reivindicando su derecho a ser tenidos en cuenta es una alternativa significativamente más eficaz y más valiosa para transformar nuestras condiciones, que un sinnúmero de grupos armados sembrando el terror por todas partes. La violencia da la espalda a la esperanza.

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