Mentalidad de las elites

Noviembre 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Las elites son aquellos pequeños grupos que gracias a la disponibilidad de medios económicos, políticos e institucionales tienen la posibilidad de incidir en el manejo de los asuntos públicos más que el resto de la población, y de tomar las decisiones que afectan a las mayorías. Incluso en los grandes movimientos de masas siempre encontramos unas pequeñas 'minorías activas' que son las que tienen en sus manos la capacidad de orientar los sucesos en una cierta dirección.Cada país tiene sus propias elites de acuerdo con sus características y con su historia. En el caso colombiano, por ejemplo, hemos sido manejados desde hace muchas décadas por unas elites económicas, por unas elites políticas y, en forma decreciente, por unas elites religiosas. A diferencia de otros países de América Latina los militares no han hecho parte de los 'altos círculos' del poder y han estado por lo general subordinados a las directrices que se les imponen. Nuestro destino histórico ha estado marcado no sólo por los intereses de las elites que nos han dirigido sino también por sus mentalidades.Nuestras elites dirigentes son unos grupos extremadamente conservadores en lo cultural, audaces en el plano económico (como lo demuestra el recientemente aprobado TLC que para algunos sectores es un verdadero salto al vacío) y supremamente pasivas e inactivas en el plano social (con muy pocas excepciones). Nuestros dirigentes saben pensar y planear sus negocios, se reafirman tercamente en tradiciones que el mundo ya ha ido dejando atrás (recordemos los recientes debates sobre el aborto y temas afines) y son de una extraordinaria ceguera para mirar el futuro en lo que tiene que ver con el impulso de las grandes transformaciones que se necesitan para combatir la pobreza y las desigualdades. En lugar de una sensibilidad en el plano social lo que vemos en nuestras elites es una mentalidad de complot, que ve revoluciones por todas partes y no vacila en apelar a la violencia en todas sus formas, legales o encubiertas, para mitigar sus temores. El problema social se reduce por lo general a consideraciones de orden público para cuyo mantenimiento no plantea ningún problema la diferencia entre la legalidad y la ilegalidad. Todo aquel que piense con proyección de futuro el tema social es considerado de izquierda o subversivo. Y se podría considerar que existe una especie de competencia implícita entre los grupos dirigentes por definir quién es el más ciego frente a estos asuntos. La idea 'realista' de que para conservar los privilegios se requiere hacer concesiones o de que combatir la pobreza es una 'buena inversión' son ideas esotéricas en sus cabezas. Lo que encontramos por el contrario es un afán de conservar su predominio actual frente a cualquier tipo de previsión hacia el futuro en lo que tiene que ver con los problemas sociales.Y por todas estas razones el país tiene la suerte que se merece o, mejor aún, la suerte a la que la torpeza de sus elites lo han condenado. El menosprecio frente al tema de la educación, que se ha expresado claramente en el proyecto de reforma de la Ley 30 presentado por el gobierno, es un buen ejemplo de la miopía hacia el futuro y del predominio de una mentalidad rentística. La idea de que podemos alcanzar la paz con una simple victoria militar, sin asumir un esfuerzo enorme en el plano social (como es apenas obvio), es otro ejemplo. ¿Cuándo tendremos en el manejo de los asuntos públicos unas nuevas elites con una verdadera conciencia de su responsabilidad en el plano social?

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