¿Maduro para la paz?

¿Maduro para la paz?

Febrero 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

La polémica que se ha desatado recientemente, a raíz de la ratificación de la condena al coronel Plazas Vega, indica claramente que el país aún no se encuentra maduro para la paz. La mayor parte de los argumentos toman la forma del “todo vale”: el M-19 hizo una cosa horrible y frente a ese hecho cualquier reacción, por desmesurada que sea, se justifica. No tiene sentido que se condene hoy en día a un militar mientras los verdaderos responsables se encuentran libres e incluso disfrutando de elevados cargos públicos. Sin embargo, el asunto es más complejo y la situación extremadamente delicada como para resolverla de manera tan simple.Creo que en la opinión pública existen al menos dos cosas claras: la inmensa irresponsabilidad del movimiento M-19 al promover una acción demencial y el hecho de que hubo excesos en la retoma por parte de la Fuerza Pública y la desaparición a 11 personas que salieron con vida del Palacio. A los militares no se los responsabiliza por la retoma del Palacio (algo que estaba en el ámbito de su deber), sino por los posibles excesos cometidos. Y lo que se percibe entonces como una asimetría es que a los guerrilleros se les haya concedido una amnistía mientras que a los militares se los mete a la cárcel.Creo que si hacemos un debate ético y político, de carácter racional y no emocional, es importante reconocer como punto de partida que esa asimetría efectivamente existe. Antonio Navarro, un vocero autorizado del antiguo M-19, así lo ha reconocido y ha señalado incluso su origen: en 1989 se optó por una amnistía para una sola de las partes comprometidas y los propios mandos militares no quisieron aceptar la participación en ese proceso. Hoy en día el contexto nacional e internacional ha cambiado, y ante las nuevas exigencias de verdad, justicia y reparación, la situación de los militares que participaron en este hecho se ha agravado y ha tomado otro rumbo.¿Cuál es entonces la razón que llevó a los militares a no aceptar una amnistía en ese momento? La respuesta es muy sencilla: la negativa a aceptar una responsabilidad por los excesos cometidos. El coronel Plazas Vega dice claramente en entrevista para El Tiempo que él no quiere una amnistía sino una absolución. Sin embargo, la aceptación de la responsabilidad sería el punto de partida para sanar definitivamente una herida y superar uno de los mayores hechos traumáticos del conflicto colombiano de las últimas décadas. Y sobre esa base, entonces, se podría llegar a una solución imaginativa a una situación que ya lleva 26 años: algún tipo de figura jurídica que abarque a todos los actores comprometidos pero bajo la condición de reconocer la responsabilidad en los sucesos.La clave del futuro de Colombia, como lo he dicho muchas veces en estas columnas, es que el país marche por la vía de la institucionalidad democrática. Y la institucionalidad implica que los militares actúen en el marco de las normas del Estado de derecho y del respeto por los Derechos Humanos, y que cuando se presenten excesos asuman responsabilidades. Y se requiere también que cambien de mentalidad. Sabemos que hay grupos armados en Colombia que hacen toda clase de barbaridades, pero para combatirlos no puede imponerse la lógica de que el fin justifica los medios. Si el Estado combate el conflicto sin respetar la institucionalidad se convierte simplemente en un Estado criminal y terrorista, en el mismo nivel de sus enemigos. Hay que ‘ganarles la guerra’ a los grupos armados, pero afirmando siempre la institucionalidad del país y no por fuera de ella. Un país que es consciente de este hecho está maduro para la paz.

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