Los ideales bolivarianos

Septiembre 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

¡Qué casualidad! El 6 septiembre se conmemoró el segundo centenario de la Carta de Jamaica, uno de los más importantes documentos políticos escritos por Simón Bolívar, en el que aboga por la unidad de América y por la hermandad entre colombianos y venezolanos, y en este mismo momento, en la frontera entre Colombia y Venezuela, en nombre de un gobierno bolivariano, está ocurriendo exactamente lo contrario de lo que quiso El Libertador para estos dos países. Más aún, como si nada estuviera pasando con los colombianos que están siendo expulsados y maltratados como ratas, el presidente Maduro, en un acto supremo de cinismo, de regreso de un viaje por el Oriente, hace una escala en Kingston (Jamaica) el domingo pasado, para tomarse una foto frente a la estatua de Bolívar y participar en la conmemoración de este bicentenario. La memoria de Bolívar puede con todo.La Carta de Jamaica es un hermoso documento escrito en 1815 por un hombre que había comprometido su vida en la independencia de los pueblos de América, en el que expresa no solo sus grandes anhelos sino también sus dudas sobre la manera como estos pueblos podían gobernarse. Bolívar denuncia el “frenesí sanguinario” y las “barbaridades que los españoles cometieron en el gran hemisferio de Colón” y expresa un gran odio por España, a la que llama “madrastra desnaturalizada”. Pero también es consciente de que estos países, que están en proceso de liberación, no están lo suficientemente preparados para gobernarse a sí mismos y para superar lo que llama la “anarquía revolucionaria”. Allí aparece su polémica propuesta, por la que tanto fue combatido, de un gobierno vitalicio no hereditario, que imite la monarquía constitucional inglesa, pero sin identificarse totalmente con ella.Venezuela es presentada por Bolívar como un modelo de organización para el resto de América Latina, por el hecho de haber logrado crear en ese momento un gobierno democrático federal, independiente, con fundamento en los derechos humanos, con equilibrio de poderes y con unas leyes generales que respetan las libertades civiles y de expresión.Pero lo más interesante para nosotros 200 años después, en el conflicto que actualmente estamos viviendo, es que en el diseño de lo que serían las nuevas repúblicas americanas Bolívar propone que la Nueva Granada se una con Venezuela y forme una sola República, cuyo nombre sería Colombia, con Maracaibo como capital, o una nueva ciudad que se llamaría Las Casas, en honor del famoso fraile defensor de los indígenas. Más allá de la viabilidad de la propuesta, que rápidamente se malogró, lo que habría que recuperar allí es el ideal bolivariano de fraternidad entre dos naciones hermanas, que está en el trasfondo.Igualmente, dada la imposibilidad de conformar en el nuevo mundo una sola nación, desde México hasta Argentina, su deseo es que exista un Congreso con representantes de todas las repúblicas americanas “para discutir los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras partes del mundo”. El futuro de América, según Bolívar, estaría precisamente en este proceso de unidad.Cada uno de estos ideales bolivarianos han sido pisoteados con la agresión infame a los colombianos en la frontera, y con el tratamiento del problema que ha venido después. No sólo con el intento de convertir a nuestros compatriotas en enemigos de Venezuela, y hacer recaer sobre los más humildes la responsabilidad por las consecuencias de unas políticas disparatadas, sino también con la negativa de los cancilleres de la OEA (una institución que también puede ser considerada como la realización de un sueño bolivariano), de discutir en su seno las diferencias de nuestros países. Lo que sigue vigente todavía de las preocupaciones de Bolívar es la impreparación de nuestros pueblos para darse un buen gobierno. ¡Ah paradoja!

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