La seguridad

La seguridad

Septiembre 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El pasado gobierno nos dejó la lección, que seguramente muchos políticos nunca olvidarán, de que las gentes de este país ponen la seguridad en el primer rango en su vida cotidiana y están dispuestos incluso a sacrificar la lucha por otras cosas fundamentales como el empleo, la educación o la salud, con tal de que se les garantice el respeto por su vida y sus bienes. Sin embargo, a pesar de los éxitos electorales del tema de la seguridad, aún no ha sido posible la construcción en Colombia de un debate público que ponga en su justo lugar este problema. La derecha seguirá convirtiéndolo en su principal estandarte y en la fuente de su posibilidad de acceso al poder y los sectores del centro o de la izquierda no se atreverán a asumirlo, con el argumento de que su mundo es el de la cuestión social y las libertades. De todas maneras lo que ocurre entre nosotros no es un caso excepcional y se presenta en otros países, con una mayor cultura ciudadana que el nuestro.Durante el verano que ya casi llega a su final la opinión francesa ha estado monopolizada por el debate de la seguridad. A finales de julio, el presidente Sarkozy, sintiendo pasos de animal grande en su popularidad, que viene en franco declive, pronunció un discurso en la ciudad de Grenoble en el que amenaza con privar de la nacionalidad a los extranjeros que atenten contra agentes de la seguridad pública. Y a partir de ese momento se abrió entonces el debate. Se ha propuesto imponer penas a los padres cuyos hijos sean sorprendidos en actos de violencia, sancionar a los alcaldes que no cumplan con sus “obligaciones de seguridad”, aumentar el número de cámaras de video para la vigilancia. Los gobiernos de derecha de los últimos ocho años en Francia han optado por medidas y discursos represivos, que venden más y son más espectaculares.Ante este hecho la izquierda reacciona señalando la inocuidad de las políticas represivas si no se privilegia la prevención en los lugares de origen. La derecha a su vez acusa a la izquierda de ingenua por imaginar que organizando partidos de fútbol a los jóvenes en situación de vulnerabilidad se resuelve el problema. Mientras ellos actúan, dice uno de los ministros, otros creen que invitando expertos a participar en coloquios sobre el tema van a bajar los índices de violencia. La verdadera prevención consiste en el temor a la sanción. Y de esta manera el asunto se convierte en prioritario en la agenda pública de las próximas elecciones. Se podría incluso pensar que de la manera como el Partido Socialista enfrente esta situación dependen en buena medida sus posibilidades de retorno al poder en el año 2012. Sin embargo, es interesante observar que en un país de una cultura política significativamente superior a la nuestra el debate siga encerrado en las disputas partidistas.El asunto cierto es que la seguridad debería ser una política de Estado y no simplemente un problema electoral, porque de lo contrario amenaza con afectar significativamente la discusión de aspectos fundamentales. La seguridad debe pensarse más allá del dilema excluyente de represión o prevención; debe ser incluida como un aspecto privilegiado de la política social del Estado, ya que los más afectados por la inseguridad son aquellos que se encuentran privados de los recursos mínimos; y debe pensarse como uno de los principales derechos de los ciudadanos. Sólo así sería posible evitar que el tema de la seguridad se convierta en el chantaje de un gobierno que, con la promesa de garantizar “la vida, honra y bienes de los asociados”, justifique todas sus arbitrariedades, como acaba de ocurrir en nuestro país.

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