La religión hoy

La religión hoy

Enero 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Según una crónica aparecida el pasado domingo en un periódico de la capital hoy en día son cada vez más las personas que no creen en Dios, que se declaran ateos, agnósticos, o que no tienen preferencia por una religión en particular, así tengan algún tipo de práctica religiosa privada. Este grupo de disidentes, compuesto por más de mil millones de personas en el mundo y con tendencia al crecimiento, ya ocupa el tercer lugar después de los cristianos y de los musulmanes, primero y segundo puesto respectivamente. En el caso colombiano encontramos una réplica de esta situación, pero igualmente una erosión de la fe católica, que ha llevado a muchas personas a buscar otras alternativas. El mundo religioso se encuentra pues en un proceso de cambio acelerado y ante este hecho habría que preguntarse por el futuro de la religión y por su función social.Hubo una época en que la religión llenaba todos los intersticios de la vida social, determinaba todo lo que se debía hacer, consagraba cada uno de los momentos de la vida desde el nacimiento hasta la muerte y servía de fundamento al poder político. A finales del Siglo XIX esta situación había cambiado dramáticamente y muchos consideraban que el final de la religión había llegado. El filósofo Nietzsche nos cuenta que su célebre personaje Zaratustra, perdido en las montañas como Cristo antes de bajar al valle a la edad de 30 años, se encontró en algún momento de sus correrías con un ‘papa jubilado’ que se había quedado sin oficio porque Dios había muerto. Y de hecho, escribió un bello libro (‘Así habló Zaratustra’) en el que trató de crear una nueva ética de carácter laico que reemplazara la ética religiosa, en vías de desaparición.Los marxistas en el Siglo XX, con base en un ‘racionalismo ingenuo’ y una interpretación simplista de la religión como el ‘opio del pueblo’, creyeron que con las transformaciones sociales y económicas la religión iba a desaparecer como por encanto de la vida humana. Pero para su sorpresa esto no ocurrió. El señor Stalin, confiando en la “marcha inevitable de la historia”, hizo bombardear en Moscú la iglesia ortodoxa de San Salvador y en el hueco que quedó hizo construir una piscina popular. A comienzos del Siglo XXI, los fieles rusos reconstruyeron ladrillo por ladrillo el monumental edificio. Quien visite Rusia hoy en día se podrá dar cuenta de que el fervor religioso de ese pueblo sigue intacto. Una sorpresa similar se llevó Fidel Castro en Cuba.De todas formas, creamos o no en Dios, no podemos desconocer que la religión tiene, al menos en uno de sus matices, una importante función social y política como factor inhibidor de las ‘conductas antisociales’. Cuando yo observo el caso de un hombre que mata sin piedad en el oeste de la ciudad al dependiente de una venta de pollos que no lo atendió a tiempo, no puedo dejar de añorar la existencia de una ética, así sea religiosa, que sirva para contener este tipo de conductas. También me alegro cuando me doy cuenta que un célebre violador de niños o un antiguo lugarteniente de Pablo Escobar han optado en la cárcel por el misticismo, así sea demasiado tarde. Ojalá todos nuestros asesinos siguieran a tiempo este ejemplo y la religión, cualquiera que sea, les sirviera para contener sus impulsos homicidas. La moral laica que añoraba Nietzsche sigue siendo una utopía. Seguramente la religión desaparecerá dentro de varios siglos pero por ahora, en un país tan violento como Colombia, debemos tener en cuenta el consejo de Maquiavelo que recomendaba a los gobernantes, así no fueran creyentes, “hacer gran caso de la religión” para garantizar una mínima convivencia en sus dominios. El futuro no ha llegado todavía.

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