Grupo de Memoria Histórica

Noviembre 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

En Colombia también se hacen las cosas bien algunas veces. Este es el caso del trabajo que está realizando el Grupo de Memoria Histórica (MH), de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr). La Ley 975 de 2005, más conocida como Ley de Justicia y Paz, creó este último organismo y le asignó la tarea de “presentar un informe público sobre las razones del surgimiento y evolución de los grupos armados ilegales” desde 1964. Para cumplir con esta labor la Cnrr se inventó un grupo académico en el cual delegó esta función, bajo la dirección del historiador Gonzalo Sánchez. Y desde 2008 hasta hoy ha producido la no desdeñable cifra de 21 libros sobre el conflicto colombiano, que cualquiera puede bajar de Internet o comprar en librerías. Un trabajo meritorio sin lugar a dudas.Los libros consisten en monografías sobre ‘casos emblemáticos’ que permiten ilustrar la lógica del conflicto en todos sus detalles. El primer ejemplar, sobre la masacre de Trujillo, apareció en 2008 y lo reseñamos en esta columna, con el presentimiento de que era la primera piedra de un proyecto que probablemente fracasaría muy pronto, como tantas publicaciones periódicas en Colombia. Pero no ocurrió así. Y hoy contamos con excelentes descripciones de lo sucedido en muchos lugares: La Rochela, El Salado, San Carlos, la Comuna 13 de Medellín, Bojayá, Remedios, Segovia, Bahía Portete, el Cauca indígena, El Placer, El Tigre y otros. Quien quiera conocer los extremos de crueldad, sevicia y horror a la que han llegado los actores armados de este país (sin excepción) encuentra en estas páginas suficientes motivos de indignación.El ciudadano de la calle se puede preguntar con razón qué sentido tiene volver sobre estos sucesos dolorosos, reconstruirlos en detalle y rescatarlos del olvido. A esta persona anónima le respondo que nada nos ganamos con ‘pasar la página’ como si nada hubiera ocurrido. La posibilidad de que estos sucesos no vuelvan a ocurrir pasa precisamente por construir la memoria de lo sucedido, identificar a los responsables, darles la palabra a las víctimas y hacer lo posible por repararlas. Colombia paga un precio por no haber hecho un juicio de responsabilidades a la violencia de los años 50. Y la misma historia de entonces no podemos repetirla hoy en día. Estos libros, además, narran los esfuerzos que han hecho las comunidades que vivieron estas masacres para superar la pérdida de sus seres queridos y reconstruir sus vidas.Con la publicación de estos libros Colombia se pone a la altura de lo que ocurre en la mayor parte de los países desde hace varias décadas. Alemania y Francia fueron pioneros en la actitud de volver sobre el pasado reciente de horrores para hacerlo inteligible ante las nuevas generaciones: la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana en Francia, la guerra de Argelia en los 60. En España ha resurgido el interés por los estudios sobre la Guerra Civil de 1936-1939 y la oscura época del franquismo. Algo similar ocurre en Polonia, Holanda, Suiza; en los países de Asia y África; y, sobre todo, en América Latina. La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en Argentina que produjo el libro ‘Nunca Más’ y la Comisión Rettig en Chile sobre la dictadura de Pinochet, marcaron la pauta para que se produjeran procesos similares en Perú, Guatemala, El Salvador, Venezuela y muchos otros. Lo cierto es que en el mundo ha ganado fuerza la idea de que un país que ha pasado por un conflicto no puede continuar su vida sin reparar a las víctimas, identificar a los responsables y encontrar el sentido de lo sucedido. En Colombia ‘todo nos llega tarde’, pero llega.

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