El tiempo y la guerra

opinion: El tiempo y la guerra

“El tiempo es terco jugador, que nos gana sin trampas a golpes...

El tiempo y la guerra

Noviembre 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

“El tiempo es terco jugador, que nos gana sin trampas a golpes la partida”, dice un verso de un hermoso poema de Baudelaire (El reloj), que podría ser traído a cuento en este momento en que se llevan a cabo negociaciones con una guerrilla, diezmada pero soberbia, que no parece manifestar mucha prisa en llegar a un resultado definitivo, a pesar de las inmensas esperanzas y expectativas que buena parte de la población pone en este proceso.Los representantes de las guerrillas mantienen una actitud en las negociaciones, que no se corresponde con la realidad de la fuerza que tienen en el campo de batalla y con el apoyo efectivo con que cuentan. Se imaginan ser representantes de los intereses populares, pero no parecen darse cuenta que este país no los quiere. Para muchas personas la negociación se justifica para evitar que sigan haciendo daño, y no propiamente porque reconozcan la legitimidad de sus luchas. Pero sobre todo siguen instalados en una concepción del tiempo y de la larga duración, muy propia de las culturas campesinas, que consiste en saber esperar y esperar, en un aplazamiento indefinido, ante un futuro abierto de posibilidades infinitas, que no exige decisiones inmediatas. En otras épocas esta capacidad de esperar les trajo réditos y las colocó en una posición privilegiada frente a un gobierno que tenía que enfrentarse a una serie de plazos terminantes, como los períodos presidenciales o las urgencias de la propia opinión pública, que no daba tregua para obtener resultados. Sin embargo, las condiciones han cambiado y lo que antes era una fortaleza ahora es su talón de Aquiles.Uno de los principales enemigos de la culminación exitosa de las conversaciones de paz es el paso del tiempo. Los más diversos sectores del país reclaman resultados concretos en un plazo relativamente breve. Las negociaciones no cuentan con la misma aceptación de procesos anteriores, como el Caguan. Hay una porción importante de la opinión que duda de la buena voluntad de la guerrilla para negociar y sigue convencida de que la mejor salida al conflicto es el arrasamiento militar. Diversos sectores están en franca oposición con la política gubernamental. Y de esta manera, mientras más se prolongue la negociación, más se desgasta la popularidad que tiene entre los colombianos. En cualquier momento la paciencia se agota y se va a comenzar a exigir que se llegue a acuerdos efectivos o que se regrese a la guerra frontal. Y el gobierno, a pesar de su buena voluntad, se puede quedar sin argumentos para seguir sosteniendo la oferta de paz. Y cuando la guerrilla se decida verdaderamente a llegar a un acuerdo, puede ser demasiado tarde.Volvamos entonces a los poetas. Edgar Allan Poe nos explica en bellos términos en uno de sus relatos ("El demonio de la perversidad") lo que significa el aplazamiento indefinido como una forma de sabotear nuestros más caros propósitos. Y esperemos que este no sea el caso del proceso de paz: “Tenemos ante nosotros una tarea que debe ser cumplida velozmente. Sabemos que la demora será ruinosa. La crisis más importante de nuestra vida exige, a grandes voces, energía y acción inmediatas. La tarea tiene que ser emprendida hoy y, sin embargo, la dejamos para mañana. Pero el día siguiente llega y con el también un indecible anhelo de postergación […] que cobra fuerzas a medida que pasa el tiempo. La última hora para la acción está al alcance de nuestra mano. Nos estremece la violencia del conflicto interior […] Pero la contienda ha llegado muy lejos, la sombra es la que vence, luchamos en vano. Suena la hora y doblan a muerto por nuestra felicidad. Al mismo tiempo es el canto del gallo para el fantasma que nos había atemorizado. Vuela, desaparece, somos libres. La antigua energía retorna. Trabajaremos ahora. ¡Ay, es demasiado tarde!”.

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