El fracaso de la política antidrogas

Septiembre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Según Popeye, el célebre lugarteniente de Pablo Escobar, el narcotráfico realmente comenzó con la muerte del gran capo. Esta frase es desconcertante a primera vista sobre todo teniendo en cuenta de quien proviene. Primero porque tenemos la idea de que fue Escobar el que ‘se inventó’ el negocio. Y segundo porque cada que muere o es apresado un gran mafioso aparece en la opinión la idea ingenua de que se trata del comienzo del fin. Lo que no tenemos en cuenta es la capacidad de mutación y de recomposición de esta actividad. Los responsables de las grandes decisiones deberían considerar este hecho para reconocer que las políticas contra las drogas son inútiles, contraproducentes y desastrosas para los países productores y que la única decisión razonable es su legalización.Durante los últimos 25 años las medidas represivas se han intensificado pero los precios reales de la cocaína y de la heroína han caído (el gramo de cocaína al por mayor en Estados Unidos pasó de $85 en 1990 a $57 en 2009) y la producción y el consumo han crecido, así sea en un rango bajo. ¿Por qué sucede esto cuando lo esperable es que la represión haga bajar la oferta, subir los precios y disminuir el consumo? Éste es el ‘enigma fundamental’ que una investigación llevada a cabo en la Universidad del Valle por el profesor Leonardo Raffo, pretende resolver.La respuesta a estas preguntas tiene que ver con diversos factores que giran alrededor de la inmensa capacidad de adaptación del negocio a circunstancias cambiantes. La represión induce una serie de ‘reacciones inesperadas’ o ‘efectos perversos’ que finalmente logran neutralizar su acción, como se puede corroborar con las propias cifras. El hecho de que las políticas de control no hagan parte de un programa global que ataque por igual a la oferta y la demanda y no se aplique sistemáticamente en todos los lugares agrava la situación. Algunos de estos factores son los siguientes.Las rutas de tráfico se han diversificado y globalizado, las interconexiones son mayores, las redes son más densas y diversas, las tecnologías de transporte han mejorado. La estructura oligopólica de la producción ha dado paso a una organización en la que hay mucho más productores que venden menos individualmente pero que en el conjunto mantienen la producción. La competencia entre los narcotraficantes es cada vez mayor. Los carteles son más fragmentados y la visibilidad de los narcos es mucho menor para su propio beneficio. Los cultivos que se destruyen en un sitio se relocalizan en otros lugares, incluso en zonas más pequeñas y cada vez son más dispersos y difíciles de detectar. Además, aunque se ha producido una baja muy fuerte en el número de hectáreas cultivadas, la productividad ha aumentado y garantiza la existencia de las mismas cantidades. Es probable que las ganancias hayan bajado pero siguen siendo enormes.Con base en estas transformaciones seguro lo que quiso decir el lugarteniente de Escobar es que en aquella época el negocio, aunque rentable, no se había consolidado ni había desarrollado la capacidad de adaptación a las políticas represivas, que las convierte en prácticamente inútiles. Lo que hace grave el narcotráfico no son sólo las drogas sino la ilegalidad que acompaña su producción y su consumo y la manera equivocada como se lleva a cabo la guerra en su contra. Tratar el problema de las drogas como un asunto criminal, confirma el estudio de Raffo, genera más daño que beneficio. Esperemos que los nuevos aires que aparecen en el Continente abran posibilidades de solución a un problema que no es sólo de Colombia.

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