Cuba

Cuba

Agosto 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Este país se ha convertido en un importante destino turístico, como resultado de un gran trabajo de promoción llevado a cabo por su gobierno, tratando de compensar las grandes falencias del sistema económico, con los ingresos provenientes de esta actividad. Sin embargo, buena parte de los más de dos millones de turistas que visitan la isla anualmente van envueltos en una burbuja: se hospedan en La Habana en un hotel de cinco estrellas, recorren la ciudad en un bus climatizado con grandes vidrieras como una pecera, y terminan pasando cinco días en las playas de Varadero o en algún cayo famoso, completamente alejados de la realidad del país y del contacto con sus gentes. Otra cosa distinta es ir a Cuba a conversar con sus habitantes y a compartir un poco su vida cotidiana.El descontento con la situación del país es prácticamente unánime. Ninguna de las más de 30 personas que pude entrevistar en un reciente viaje manifestaron algún tipo de satisfacción con el régimen político y el modelo económico imperantes. Los salarios en el sector formal están completamente desfasados con respecto a las necesidades reales de las familias. Una remuneración de US$ 20 mensuales ($500 cubanos) es excepcional y muchas veces sólo alcanza para pagar los servicios públicos. El faltante para comer, vestirse y completar un nivel mínimo de vida tiene que ser obtenido a través de las más diversas formas del rebusque. Al lado de los mercados oficiales (desprovistos porque el Estado no puede garantizar la oferta), existe un inmenso mercado negro en el que todo, absolutamente todo, se puede conseguir, pero en CUCs, una segunda moneda equivalente al dólar. El robo al Estado es una práctica generalizada, porque no queda otra alternativa: “Aquí todo está prohibido pero todo se puede hacer”, me decía una señora.Los grandes logros de la Revolución son la salud y la educación, que son gratuitas. La calificación profesional de la población es alta, pero como las posibilidades de trabajo que el sistema ofrece son mínimas y mal remuneradas, mucha gente sabe que le va mucho mejor dedicándose a otros oficios más prosaicos. No es difícil encontrar a un médico manejando un taxi o a un ingeniero de comunicaciones encargado de la limpieza de una piscina. Los jóvenes carecen de estímulos y muchos de ellos estudian en la Universidad con la mira puesta en salir del país a la primera oportunidad.Los cubanos asumen su situación de manera pasiva, como una especie de destino inevitable, porque todos tienen miedo y nadie se atreve a protestar. La población carece casi por completo de información porque no hay periódicos, la televisión es irrisoria y la Internet es de difícil acceso. Además, no hay controversia ni debate público. El famoso ‘hombre nuevo socialista’ promovido por el régimen desde sus comienzos en la imagen del Che, sólo movido por la solidaridad y el interés colectivo, se ha convertido en algo opuesto a sus intenciones iniciales, hasta el punto de que muchos hablan del “daño antropológico” producido por la Revolución, al verse confrontada la población al rebusque, la desconfianza y la competencia de todos contra todos en la precaria lucha por la subsistencia cotidiana. El inmovilismo del régimen es total. Los grandes dirigentes del país no parecen muy conscientes de la difícil situación y siguen aferrados al proyecto inicial. Los cambios son indispensables para evitar una hecatombe que termine en una ‘piñata’ de los bienes públicos, como ocurrió en la Unión Soviética o en Nicaragua. El socialismo de Cuba es una ilusión que pertenece al pasado.

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