¿Cómo se crea un caudillo?

Enero 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El procedimiento es muy sencillo. Escoja un funcionario público que se encuentre en una situación difícil o en el peor momento de su administración. No lo deje a su suerte y, si es el caso, no le permita terminar su mandato. Constrúyale un cargo y organícele un proceso judicial mediático, con todas las de la ley. Al poco tiempo, si no logra inculparlo, la víctima se convertirá en héroe y la ‘pérdida de desprestigio’ será cada vez mayor. Esto es lo que está ocurriendo con Gustavo Petro que de ‘mal alcalde’ puede llegar a convertirse en un caudillo popular incontenible. Todo gracias a una decisión arbitraria, desmesurada, controvertible y selectiva de un Procurador que convierte sus funciones en instrumento para apabullar a sus adversarios.Sin embargo, esta situación no es nueva en la historia de Colombia. Ocurrió con Gustavo Rojas Pinilla en los años 60. Después de su salida de la Presidencia el 10 de mayo de 1957 al exilio en Islas Canarias, donde se pudo quedar tranquilo por el resto de su vida, el General regresó un año después, en la cumbre de su desprestigio. Las elites se llenaron de pánico pensando que aún tenía apoyo en los sectores populares o en algunos oficiales del Ejército y podía liderar una rebelión. El hecho es que le montaron un juicio político en el Congreso, acusado de cargos anodinos, que no comprometieran al resto de la clase política, pero que permitieran anular política y moralmente su figura a futuro y declararlo indigno.A medida que transcurría el juicio, la torta se fue volteando para sus promotores. La rebelión no se presentó y Rojas, hombre bonachón, ingenuo, mediocre y poco apto para el manejo del Estado, pasó de ‘tirano’ a mártir; de perseguidor a perseguido y de sombrío exdictador latinoamericano exiliado en España, como otros personajes de la época (Perón), terminó convertido en caudillo popular. Rojas fue condenado, pero las irregularidades del juicio eran tan evidentes, que algunos años después fue absuelto. La Anapo, el movimiento que se inspiró en su figura, nació en las gradas del Capitolio durante las sesiones del juicio. Y durante los años 60 Rojas terminó convertido en la encarnación de las esperanzas populares, contra el elitismo del Frente Nacional, en línea de continuidad con la legendaria figura de Gaitán. Sin la intervención de sus enemigos políticos, seguramente no habría pasado de ser un oscuro militar, utilizado por las elites civiles para resolver una ‘crisis pasajera’, como los miembros de la Junta Militar que lo reemplazaron tras su abandono del poder.Algo similar puede ocurrir con Petro. Como senador desempeñó un excelente papel como fiscal de la Nación, en ejercicio del control de los actos de la administración que la Constitución asigna al Congreso. Pero, siguiendo el ‘principio de Peter’, decidió ascender hasta su ‘nivel de incompetencia’, a un nuevo papel como alcalde de la capital. Y en el peor momento de su periplo, cuando su administración hacía agua, se encontró con un Salvador, un Procurador lleno de fundamentalismo que, sin proponérselo, y gracias a una sanción desmesurada, le lanzó una tabla de salvación a su menguado prestigio. El asunto es que ahora tenemos Petro para rato y no sería raro que en pocos años, una vez sea absuelto de la prohibición de participar en política, lo tengamos convertido en caudillo de un gran movimiento político, símbolo de la lucha contra la arbitrariedad. El problema es que no creo que su mentalidad autoritaria y populista, y su talante personalista, sean lo que la izquierda colombiana necesita para ponerse a la altura de las condiciones del momento, que exigen una renovación en los estilos y en las concepciones políticas.

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