Bello puerto de mar…

Mayo 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Los turistas extranjeros que llegan a Buenaventura se admiran al encontrarse una especie de enclave africano en un país latinoamericano. Y no es para menos. El 85% de una población de 325.429 habitantes (la segunda en el Valle y la número 19 en el país), se reconocen a sí mismos como negros. Sin embargo, lo que los visitantes no perciben es la terrible situación social, económica y cultural en que se encuentra la mayor parte de sus pobladores, que viven en la miseria en medio de la riqueza, así estén ubicados en un lugar estratégico del occidente del país. La situación es tan alarmante que casi podríamos decir con el escritor Fernando Vallejo que Buenaventura es una “pesadilla de África en América”.Buenaventura es la capital de Colombia sobre el Pacífico y su más importante puerto. Entre 2002 y 2009, el 43,59% de las toneladas que circularon en el comercio exterior pasaron por Buenaventura, en contraste con el 23% de Santa Marta y el 17% de Barranquilla; la mitad del café se embarcó en sus muelles y la ciudad aportó a la Nación por impuestos portuarios en el 2012 la suma de $4,25 billones. Sin embargo, una cosa es el puerto (que ahora cuenta con un acceso directo por carretera sin atravesar el casco urbano), y otra es la ciudad que crece a sus espaldas y que no se beneficia de su importancia. A pesar de la magnitud del aporte por impuestos a Buenaventura solo retornaron $176.000 millones por el Sistema General de Participaciones, un modesto 4,14%. Además, la Sociedad Portuaria solo da trabajo a 7000 personas.Cuando revisamos algunos datos recogidos por la Fundación Carvajal nos encontramos con que el 81% de sus pobladores viven en condiciones de pobreza (más del doble del promedio nacional) y un 44% en condiciones de indigencia. La tasa de desempleo de 65% es seis veces mayor que la del país. La mayor parte de los hogares debe esforzarse por conseguir día a día sus recursos de subsistencia. El déficit de viviendas es del 50%, las familias gastan más de lo que ganan y el 69% de sus presupuestos se destinan a alimentación y servicios, lo que las hace vulnerables ante una emergencia. Los servicios públicos son precarios: el alcantarillado cubre el 44% y el acueducto el 75% y funciona tres horas al día a pesar de que el municipio cuenta con siete ríos.Además de la pobreza, en Buenaventura se conocen todas las formas de violencia, delincuencia y corrupción: guerras entre grupos armados, pandillas, microtráfico, extorsiones, carteles, masacres, homicidios y desapariciones. La tasa de homicidios de 113 × 100000 habitantes (subestimada porque muchos de los muertos terminan ‘picados’ y arrojados al mar), es tres veces mayor que el promedio nacional. Por la difícil situación interna y la ubicación geográfica, el municipio es expulsor y receptor de poblaciones desplazadas, cuya magnitud se ha multiplicado por dos desde el 2004.La población de Buenaventura es joven. En el 47% de los hogares hay menores de 6 años de edad. Algunos niños ya juegan a ‘picar’. El 55% de los habitantes tiene menos de 24 años y crece por el elevado índice de embarazo juvenil. Una de cada cinco personas no sabe leer; sólo el 35% de la población cuenta con estudios de primaria y el 32% con estudios de secundaria. Las ofertas educativas son precarias y no se amoldan a las necesidades locales. Ante estas circunstancias habría que preguntar por el futuro inmediato de estas poblaciones juveniles. Algunas instituciones no gubernamentales hacen esfuerzos para contribuir a la solución de los problemas, pero su magnitud es superior a sus posibilidades. El sector privado y el Estado parecen tener voluntad política para invertir en el puerto. Pero no en la gente.

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