¡Basta ya!

¡Basta ya!

Noviembre 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Esta semana tuvimos en Cali, lunes y martes, la presentación en el Banco de la República y en la Universidad del Valle, del informe ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica, en cumplimiento del mandato de la Ley 975 de 2005, mejor conocida como Ley de Justicia y Paz. La publicación de este documento, que recoge el trabajo realizado durante ocho años por esta entidad, constituye sin lugar a dudas un acontecimiento de primer orden. Hoy en día contamos con una información sobre lo sucedido (sin que el conflicto haya terminado), muy superior a la que disponían los demás países de América Latina a la salida de sus dictaduras militares. Y muy superior igualmente a la que tenemos de lo sucedido durante la Violencia de los años 1950.¿Para qué construir la memoria de un conflicto tan doloroso y sangriento como el nuestro? ¿Para qué reconstruir con detalles el horror de unas masacres que lo único que deberían producir es vergüenza para sus ejecutores? Para muchas personas esto carece de sentido y la mejor alternativa sería entonces “hacer borrón y cuenta nueva”, sumir en el olvido el estremecimiento que producen estos hechos. Los que así piensan desconocen que el olvido es precisamente uno de los mecanismos de la violencia. La idea que prevalece en el mundo entero en este momento, por el contrario, es que la única garantía de no repetición de los horrores de las guerras pasa precisamente por la elaboración de la crónica minuciosa de lo sucedido, por la recuperación de las voces de las víctimas y por la identificación de sus responsables. Colombia estaba en mora de hacer con sus violencias lo que la mayor parte de los países del mundo está haciendo, desde los años 1970 en adelante.Cuando se terminó la Violencia (con mayúscula) de los años 1950, la idea que predominaba en el ambiente era que no se debía hablar de lo ocurrido, que había que decretar una amnistía implícita porque, de lo contrario, las heridas se volverían a abrir y la violencia renacería. A contrapelo de esta opinión se publicó en el año 1962 (bajo el liderazgo de los profesores de sociología de la Universidad Nacional) el libro La Violencia en Colombia de monseñor Guzmán y otros, que causó un inmenso revuelo en el país, porque sacaba a la luz pública lo que todo el mundo quería ocultar de los horrores de los enfrentamientos entre liberales y conservadores. Los autores del libro fueron estigmatizados y hasta su lectura fue declarada pecado.Pero hoy en día la situación ha cambiado por completo. Alemania escruta su pasado. Francia se preocupa por reelaborar las páginas negras de la colaboración con los nazis y de sus guerras coloniales. Los españoles están reconstruyendo los sucesos de la Guerra civil (1936-1939) y la larga noche de la dictadura de Franco. Argentina tomó el liderazgo en 1984 con la publicación del libro Nunca más sobre los crímenes de la dictadura (1976-1983), del que se han vendido más de medio millón de ejemplares. Los chilenos ya han publicado dos informes sobre la época de Pinochet. Y por esta misma vía han pasado la inmensa mayoría de los países de América Latina que han tenido episodios de violencia y dictadura.En Colombia empezamos en 2005, bastante tarde, pero en pocos años se ha recuperado el tiempo perdido. Ahora tenemos la posibilidad de escuchar las voces de las víctimas y no sólo de atenernos a las interpretaciones de los victimarios. Y somos conscientes, más que nunca, de que si queremos superar efectivamente el conflicto tenemos de alguna manera que darle la visibilidad debida a la violencia con la que hemos convivido durante las últimas décadas, como si fuera lo más natural del mundo. Sólo así podremos encontrar una salida. (Nota. El informe se puede bajar de Internet con sólo escribir tres letras: CMH. En Copiprix Santiago (calle 5 No. 63c-89) dejé una copia para quien quiera imprimirlo).

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