Zona Veredal

Zona Veredal

Abril 04, 2017 - 11:55 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Tuve la oportunidad de visitar, con estudiantes y profesores de la Universidad Autónoma de Occidente, la Zona Veredal de Concentración de las Farc, en la vereda de Pueblo Nuevo, en el municipio de Caldono (Cauca). Fue una experiencia significativa para un citadino como yo que ha defendido de tiempo atrás el proceso de paz, pero que desconoce los territorios del conflicto armado y sus pobladores.

Lo primero por destacar, en el casco urbano de Caldono, antes de Pueblo Nuevo, es la presencia y la fuerza de la comunidad indígena Páez en el territorio. La Casa del Cabildo no tiene nada que envidiarle a una alcaldía, con espacios para reunión, con servicios de educación, salud y deportes y venta de productos del campo, algunos procesados localmente. La guardia indígena hace presencia notablemente. Después de romper la desconfianza con el extranjero, que se refleja en el rechazo inicial al idioma español, los indígenas se muestran dispuestos a conversar. Se conciben como víctimas individuales y/o colectivas del conflicto armado y no se identifican, como organización, ni con el Ejército ni con las Farc, aunque apoyan el proceso de Paz. El caserío de Pueblo Nuevo estaba en día de mercado, mostraba pujanza, y venta de todo tipo de mercaderías, desde pociones naturalistas amazónicas contra todo mal, hasta neveras.

La guerrilla estaba concentrada muy cerca del caserío en campamentos provisionales bien hechos con guadua y plásticos. Había un espacio amplio donde nos reunimos con tres comandantes de la columna Jacobo Arenas que nos invitaron a almorzar de manera sencilla y frugal. El contraste con los indígenas fue grande ya que eran personas blancas, conocedoras del discurso ideológico marxista-leninista, uno de ellos con formación universitaria y, en todos los casos, con trayectorias de familia de vieja data en el Partido Comunista, en la Juventud Comunista y, posteriormente, en la clandestinidad y en las Farc. Argumentaron que las condiciones del conflicto habían cambiado y que estaban decididos a continuar la lucha por la vía política. Subrayaron que estaban dispuestos a dejar las armas, más no hablaron explícitamente de entregarlas, especialmente por la desconfianza que tienen de los grupos para-militares, en sus nuevas versiones. También argumentaron que no habían sido vencidos, que habían tenido dominio de territorios y de poblaciones afectas, en gran parte del territorio nacional, y que su meta era tomarse el poder políticamente. En esta perspectiva, esperan que el próximo gobierno sea de ‘transición’ hacia una sociedad distinta que puedan liderar políticamente para que resuelva los problemas del pueblo colombiano. En mi opinión, sobrevaloran la fuerza política que tienen, desconocen la Colombia urbana y sería muy importante que captaran que van a ser una minoría que necesita en los próximos años de una alianza muy amplia para defender los acuerdos de paz. Para finalizar agradecieron la visita que les permitía “hablar” con ciudadanos comunes y corrientes, después de tanto tiempo aislados y en armas.

Para interactuar con la guerrilla tuvimos que seguir un protocolo de permisos. En el terreno, nos encontramos con los anillos de seguridad del Ejército que hacían adecuadamente su tarea. Nos cruzamos con los vehículos de Naciones Unidas que hacían monitoreo y pudimos visitar una ciudadela en construcción que está haciendo el Gobierno para alojar debidamente a los guerrilleros en reinserción. Están atrasados, pero lo que se observa son instalaciones que pueden estar listas en un mes.

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