Voto afirmativo

Voto afirmativo

Agosto 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Parece importante compartir algunas de las razones que tengo para apoyar las negociaciones que se han llevado a cabo en La Habana, la necesidad de su refrendación a través de un plebiscito y lo que me inclina al voto afirmativo. Tengo razones de tipo histórico, otras vinculadas con el proceso de negociaciones de cuatro años y motivaciones que tienen que ver con el futuro del país y la necesidad de oponerse a aquello que puede acontecer con un voto negativo mayoritario.Con las Farc se cierra un ciclo de más de cincuenta años de conflicto armado que tuvo su origen en un problema agrario y campesino que fue acaudillado por núcleos políticos urbanos que se nutrían de una de las versiones predominantes del marxismo en América Latina. Con la caída del muro de Berlín y, a partir de allí, de varios regímenes que apoyaban la lucha armada en Colombia, teniendo en cuenta, por otro lado, las dificultades por las que ha pasado el régimen cubano y, más recientemente países que de alguna manera también han apoyado a las Farc, necesariamente se debe concluir que por lo menos esa vía armada de toma del poder y de revolución perdió vigencia. Es cierto, la perdió hace ya muchos años. La guerra se prolongó por la dificultad de cambiar las férreas ideas revolucionarias que se tenían en el monte, de un país que había cambiado en las ciudades, y ante todo por el nefasto efecto de reproducción de la guerrilla que tuvo el narcotráfico. Pero, muy importante, así sea tarde en la historia, las Farc han tomado conciencia del cambio en la situación social y política a nivel nacional y mundial. Les ha llegado la hora de hacer política sin armas y están dispuestos a ello.La segunda razón es que en Colombia no hay un ejemplo de un proceso de Paz más minucioso, mejor conducido por un Gobierno y con mejores resultados que el que tenemos enfrente. Desde que se presentó en Oslo lo que podría ser la agenda, pasando por las negociaciones llevadas con debida discreción y teniendo en cuenta los acuerdos que se fueron logrando punto por punto, las negociaciones son un ejemplo para Colombia y para el mundo. Es fundamental tener en cuenta que las Farc han llegado a acuerdos con un Estado que reconocen. Es obvio que ganaron en varios puntos, pero en un sendero de modernización del Estado y de la Sociedad que hoy tenemos, con propiedad privada, mercado y Estado de Derecho liberales. Tendremos que felicitar en su momento, de manera muy clara y específica, al equipo negociador del Gobierno colombiano encabezado por Humberto de La Calle y Sergio Jaramillo. Que el plebiscito refrende estos acuerdos me parece acertado y tendremos que asumir los riesgos implícitos.La tercera razón considera que el llamado ‘posconflicto’ inaugura una nueva fase de la sociedad que va a ser muy conflictiva y difícil, aunque más democrática y sin política armada. Un proceso de paz exitoso y refrendado popularmente le abrirá un nuevo período a la historia colombiana, con mayor inclusión, menor desigualdad y esperamos que mayor bienestar. Quienes promueven el voto negativo, en el fondo, perpetúan la guerra. No lo conciben así: afirman que también persiguen “la paz, pero sin impunidad”. Si somos honestos lo acordado no implica impunidad. Quienes defienden el voto negativo, realmente le temen a quedar ‘sub judice’, en un proceso de paz exitoso, porque están vinculados con delitos atroces. Así es: los miembros de las Farc no son los únicos victimarios en este conflicto. No se le puede dar una oportunidad a aquellos que han sostenido la maquinaria de la guerra, con barbarie, muchas veces sin sufrirla directamente. Mi voto en el plebiscito es afirmativo.

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