Venezuela y Colombia

Diciembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Los recientes hechos políticos ocurridos en Venezuela son importantes para tenerlos en cuenta en Colombia. Aunque no conocemos en detalle lo ocurrido internamente y tampoco sabemos si en el próximo futuro, con la nueva Asamblea, no se presenten virajes y hechos de violencia que echen al traste con lo que se ha avanzado, parecería que el país entra en un sendero de fortalecimiento de su institucionalidad democrática. Es significativo que Maduro haya reconocido, a pesar de las ambivalencias, la contundente victoria electoral de la oposición. También se debe destacar la posición activa de un sector de los militares venezolanos que garantizaron la normalidad en los comicios electorales. Por el lado de la oposición, se organizó un movimiento de unidad que se debe valorar positivamente. El liderazgo femenino fue fundamental, así como la incidencia de grupos socialistas, aunque también se debe tener en cuenta que en la oposición hay sectores extremistas que, a su manera, llaman al derrocamiento del Gobierno. En este contexto, me parece que se debe destacar el papel de Capriles, quien reivindicó la fuerza de la oposición en las elecciones. Es deseable que se siga un curso de institucionalización de un régimen democrático y liberal, con gobierno, oposición y rotación en el poder. Lo anterior es importante para Colombia por varias razones, aunque con una trayectoria muy distinta. La principal es que se debe también consolidar entre nosotros, a la colombiana, una forma democrática y liberal del Estado que también ha mostrado fisuras en varias oportunidades. En el pasado reciente, una fuerza conocida hoy como el Centro Democrático fue apoyada por buena parte del establecimiento y buscó reformar de manera fraudulenta la Constitución para prorrogar el mandanto del Presidente. Lo hizo una vez y pretendió hacerlo en una segunda oportunidad. Esa misma fuerza política tuvo un apoyo electoral muy importante del paramilitarismo que, es cierto, el Gobierno desmovilizó y reinsertó, aunque a medias: aún existen hoy organizaciones paramilitares. Pero el punto importante para tener en cuenta es que estamos ad-portas de un acuerdo de paz con una guerrilla que durante más de cincuenta años ha combatido con las armas al Estado. También ha sido una guerrilla vinculada con el narcotráfico y la criminalidad. La desmovilización, la reinserción y la participación política de esta guerrilla son entonces retos muy grandes que debemos asumir los colombianos. Dos factores de conflicto que han introducido una gran inestabilidad en la historia reciente de Colombia pueden desmontarse progresivamente. Se requiere un gran movimiento de opinión, de los más diversos sectores sociales y políticos, en defensa de un Estado de derecho, liberal y democrático, que apoye el proceso de paz y aisle el militarismo de derecha y de izquierda, que tristemente siguen siendo posibles hoy en Colombia. Las Fuerzas Armadas y de Policía son definitivas para defender la institucionalidad. En esta perspectiva, es fundamental que las guerrillas abandonen definitivamente, en todos sus niveles orgánicos, sus ideas sobre la legitimidad de la vía armada. Aunque el camino es culebrero, por razones de contexto internacional y latinoamericano, además de razones internas de esperanza en los sectores colombianos que no comparten el extremismo de los fanáticos, estamos ante una coyuntura única que le puede dar un viraje a la historia colombiana.

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