Sopesar el voto

Octubre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

“Las elecciones de la próxima semana no van a cambiar nada”, afirma Hernando Gómez Buendía en su columna: ‘Un voto inútil’ en El Espectador del sábado pasado. El argumento, en mi entender, se sustenta en la idea de que las elecciones en Colombia no se rigen por una competencia partidista sobre visiones alternativas de la sociedad que proponen soluciones a problemas cruciales, una de las cuales logra el apoyo ciudadano y con éste, el acceso a alguna de las instancias de poder del Estado. En lugar de esta modalidad, siempre deseable, lo que tenemos en el país es la competencia de figuras individuales, apoyadas en clientelas, que usan los partidos sólo para lograr un aval individual. Participan en la contienda electoral, a altos costos, con el ánimo de acceder a la burocracia estatal para lograr una retribución a su inversión y ampliar su poder económico. Llegar al Estado no es un medio para poner en práctica ideas en favor de soluciones de interés colectivo.Tiene un significado económico especialmente importante, tanto para quienes acceden a la burocracia, como para los “amigos” externos que contratan con el Estado y que generalmente han sido también financiadores de las campañas. Este ha sido un drama de la política en Colombia por mucho tiempo que seguramente va a seguir. El diagnóstico tiene mucho de cierto. La situación se reproduce en el tiempo y lleva a un profundo pesimismo sobre nuestra realidad política y su necesario cambio.En la campaña en curso, impacta la forma como se promueven los individuos-políticos y sus clintelas de apoyo. Impacta la importancia que asume la propaganda que vincula ideas sosas con la política y los candidatos. En este contexto, el elector que se rige por una ‘opinión’ tiene dificultades para definir una opción. Últimamente, ante una situación tan abigarrada, varios columnistas de prensa manifiestan su intención de votar por candidatos de diferentes corrientes politicas, contradictorias entre ellas. Esto indica que el ciudadano ‘calificado’, sí está buscando que su voto sea útil y que puede haber diferencias significativas entre unos candidatos y otros, a la hora de ejercer con eficiencia funciones públicas. Sopesar el voto se transforma entonces en un tema fundamental, hasta el día anterior de las elecciones, incluyendo la opción “en blanco”. Pero es necesario votar.Hay que detenerse en la ‘trayectoria’ de los candidatos. No todos son igualmente corruptos. De hecho hay varios que son claramente ‘honestos’. También captar su capacidad para argumentar sobre pocos ‘problemas cruciales’ para la colectividad, de urgente solución, pensando más en el bien común y no en intereses particulares. En este campo, estamos mal ya que muchos candidatos ofrecen de todo en todo tema. Pero algunos apuntan a aspectos cruciales, sin ofrecer favores ni buscar retribuciones en su práctica política. Un buen candidato debe, además, tener una buena percepción de la situación histórica por la que atraviesa su comarca, el País y los cambios que se vienen dando a nivel global. Hay que ponerse del lado de la paz de manera estratégica y sin ambiguedades. El voto puede ser definitivo para que alguien mejor gane. Un ejercicio comparativo muestra que estado sociedad han cambiado notablemente, en medio de dificultades, en una tendencia irregular pero positiva en los últimos cincuenta años. Han sido los buenos políticos y funcionarios los que han marcado la diferencia.

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