Pronóstico particular

Enero 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Al finalizar el 2015, se divulgaron varios artículos que pronosticaban el año por venir. Particularmente interesante fue el artículo de la Directora del FMI, Cristine Lagarde: Las Transiciones del año 2016 (El Espectador, 3 de enero/2016). En su consideración, el crecimiento mundial del año en curso va a ser decepcionante y desigual. Llega a esta conclusión despúes de un recorrido por eventos que en su opinión están entrelazados: los ataques terroristas de París, los conflictos políticos en el Norte de África y el Oriente Medio, el desplazamiento de 60 millones de personas en todo el mundo. Esto sucede al lado de una economía mundial que crece muy poco. En efecto, después de la crisis del 2009, la estabilidad financiera no se ha logrado en varios países. China crece más lentamente y se propone un “nuevo modelo” para mejorar los estándares de vida de su población. La FED en Estados Unidos aumenta las tasas de interés, como signo de una ambigua recuperación, aumento que implica el retorno de capitales a su sede más segura. Lagarde menciona las dificultades de los países exportadores de materias primas, especialmente de petróleo, pero explicitamente se refiere a Colombia, junto con Chile, Noruega y Botsuana como países que utilizaron el período de auge de las materia primas para fortalecer sus esquemas fiscales (sic). Finalmente, llama la atención, sobre el tema de la sostenibilidad ambiental y la importancia de la conferencia de París sobre Cambio Climático.Parece importante contextualizar la situación colombiana en el marco del planteamiento globalizante de la Directora del FMI. Al respecto, vale la pena subrayar dos particularidades del caso colombiano que permiten pensar de manera optimista su situación, aunque en un marco global “decepcionante”. Por un lado, dentro de las muchas dificultades para un crecimiento económico balanceado y equitativo, es probable que en el contexto latinoamericano, el País salga relativamente bien librado en el año por venir, como lo han sustentado varios economistas. Pero, por otro lado y de manera más significativa, en medio de un mundo en el que reaparecen nuevas violencias entrelazadas en los países centrales y periféricos, el caso colombiano muestra una tendencia bien distinta, en lo que respecta a la violencia que depende del conflicto armado. Ésta ha disminuido notablemente desde el 2015 y todo indica que en el 2016, con los acuerdos de Paz, firmados y refrendados, la violencia del conflicto armado disminuya sustancialmente. Ciertamente no es algo fácil y no es una consecuencia mecánica de los acuerdos, pero se espera que la confrontación política sustituya al conflicto político violento. Es probable que en el corto plazo aumente la violencia dependiente de la criminalidad, pero se pueden dar circunstancias para que estas violencias de diverso tipo también disminuyan. Colombia puede mostrar ante el mundo otra cara que ha permanecido latente por mucho tiempo: la de una civilidad mayor. En lo que queda todo por hacer es en la sostenibilidad ambiental. En esta materia el Gobierno colombiano no muestra intenciones ni acciones de fondo. Hay muchas cosas por hacer en todo el territorio nacional para preservar el medio ambiente, el agua y los bosques. Se requiere contrarrestar el cambio climático en la medida de nuestras responsabilidades nacionales. El reto es buscar un modelo de desarrollo ambientalmente sostenible. Este será el tema del futuro, más allá de la paz política.

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