Negociar con realismo

Negociar con realismo

Abril 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Que se lleve a cabo una negociación de paz con la última guerrilla y la más antigua, el ELN, cuando se está terminando la que se ha adelantado con la Farc, es salgo que se debe destacar y favorecer. Es deseable que la negociación se tome poco tiempo, de manera que los dos procesos puedan confluir en lo que sería la terminación del conflicto armado. Importante tener en cuenta que el ELN ha llegado al convencimiento político de que ya es hora de dejar definitivamente las armas, dado el “clamor social” circundante. Pero, es pertinente poner de presente que hay obstáculos alrededor de la negociación de paz. Es urgente hacer un llamado al realismo político, dadas las circunstancias, a no perderse en el camino y a buscar de manera altruista y efectiva esa meta superior de la paz y, como consecuencia, de una mejor sociedad.En primer lugar, el tema del secuestro. Es una forma de barbarie que ha acompañado al conflicto armado desde hace varias décadas. Una forma violenta, cruel e injustificable, en cualquier circunstancia, pero de manera muy especial en el caso de guerrillas que se autoproclaman defensoras de los Derechos Humanos y que buscan con su lucha una sociedad superior. El ELN debería poner en libertad a todas las personas que tiene secuestradas, si espera alguna credibilidad entre la población. Esta es una condición razonable que ha puesto el Presidente para el diálogo y no se entiende que el dirigente guerrillero Pablo Beltrán, entre otros, sostenga en entrevista al Espectador que: “Ese tema está sobre la mesa… y estamos en disposición de hacer dinámicas humanitarias”. Esta ambigüedad es inaceptable, de parte de una ciudadanía esperanzada en un proceso de paz. Libérenlos ya, sin contraprestación alguna.En segundo lugar el ELN, igual que las Farc, pero también de la misma forma que muchos que no hemos defendido la vía armada y tal vez como la gran mayoría de los colombianos, consideramos que la situación económica y social debe cambiar para tener una sociedad menos desigual y más incluyente. Pero esta meta colectiva no puede ser una condición de la negociación. Se pueden hacer acuerdos sobre este propósito, por ejemplo alrededor del problema agrario por resolver o del narcotráfico. Pero, las estrategias concretas para luchar contra la desigualdad y a favor de la inclusión no pueden salir de una mesa de negociación y menos pueden adscribírsele a un modelo económico y político que ha fracasado en el mundo, de tiempo atrás. No se puede acordar un modelo económico redentor y tampoco una “democracia verdadera” en una mesa de negociación. El futuro sale de un arduo proceso social en el que se debe combinar el conocimiento acumulado sobre la sociedad colombiana, sus debilidades y fortalezas, con un propósito de que todos los sectores sociales tengan cabida y se beneficien. El capitalismo reformado y la democracia liberal, también retocada, todavía dan para mucho y no hay nada distinto y deseable en el horizonte del mundo de hoy. En tercer lugar, la negociación debe estar circunscrita al Gobierno y al ELN, como sucedió con las Farc. Pero no puede prestarse para ser un repertorio para hacer política, mientras se negocia. El futuro debe ser el de una sociedad más organizada y participativa, cierto, pero de manera institucional, buscando que el Estado se fortalezca. Hasta hoy el poco Estado que tenemos ha sido el centro de confrontaciones en las que intereses particulares han buscado delegitimarlo en su favor. Es el momento de promover una forma de poder estatal por encima de los poderes particulares.

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