Modificar la Seguridad Democrática

Julio 28, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Cuando se hace un balance del gobierno Uribe, lo primero que sale a flote a su favor son los logros de la política de Seguridad Democrática. En buena medida, el Presidente electo salió adelante con una defensa de esta política. El mismo Antanas Mockus, como candidato opositor, fue muy parco y ambiguo a la hora de controvertir el tema. Sin embargo, aunque hay logros, considero que el nuevo gobierno va a tener que introducir modificaciones sustanciales en la política, si el objetivo es acabar con el conflicto armado y la delincuencia en aumento que azota al país. El éxito de la Seguridad Democrática, se puede observar en la disminución ostensible de los homicidios entre 2002 y 2010. También en el debilitamiento de la guerrilla, por la reducción de sus acciones ofensivas, por las detenciones y deserciones de guerrilleros, por el quiebre de estructuras de mando y muerte de dirigentes en combate, o asesinados por sus propios compañeros. Igualmente, aunque con muchos interrogantes, el Gobierno puede reivindicar logros en el proceso de paz y reinserción con las Autodefensas, cuyos dirigentes en buena parte se entregaron y fueron extraditados. Sin embargo, por otro lado, se debe tener en cuenta que la guerrilla está lejos de estar vencida, da golpes inesperados y domina aún territorios, muy cerca de las ciudades. En cuanto a los paramilitares, sus estructuras se han recreado parcialmente con otros nombres, se han mantenido en territorios de valor económico y han abierto frentes urbanos de acción delincuencial. Después de ocho años, persiste un conflicto muy grave, aunque nutrido en su conjunto por la actividad del narcotráfico, eje vertebral de nuestros males que ningún gobierno ni ninguna política ha logrado vencer. Es importante reconocer que el conflicto sí existe y que ha cambiado su naturaleza progresivamente, en los últimos 35 años. Cada vez tiene menos connotaciones políticas y al mismo tiempo contiene rasgos marcadamente más delincuenciales. Su escenario es cada vez menos rural y crecientemente urbano. Sus confrontaciones típicas no son los combates en campo abierto, sino los asesinatos selectivos, las masacres, actos de terror, amenazas, secuestros y desapariciones. No es una guerra civil. Es una guerra de grupos armados con intereses particulares contra la sociedad. Ante estos cambios de naturaleza ¿Cómo proceder?La política era copar el territorio con Fuerza Pública. Aunque es definitiva la presencia de la Fuerza Pública allí donde se la requiera, no debería pensarse, de manera casi automática, en el criterio del aumento del pie de fuerza como fundamento y eje de la política de Seguridad Democrática. El éxito de las acciones recientes más significativas ha probado que la inteligencia sobre las mismas es crucial. Más allá de este tema, que puede ser reconocido por las autoridades, el punto central es que la guerrilla se combata también políticamente, en escenarios nacionales e internacionales. Esta confrontación no le compete a los militares, sino a las instituciones estatales, a los partidos y organizaciones civiles que eluden persistentemente el problema de arrinconar políticamente a la guerrilla. En cuanto a los paramilitares, también se requieren métodos fundados en la inteligencia contra el delito, pero de manera muy importante, recomponer la manera cómo se vigila la ciudad por parte de la Policía, para que se preste un servicio ciudadano de seguridad y no un servicio, parecido al de escoltas, que responde a intereses particulares.

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