Las ideas y la fuerza

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Hay varias explicaciones sobre el conflicto armado colombiano de los últimos cincuenta...

Las ideas y la fuerza

Mayo 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Hay varias explicaciones sobre el conflicto armado colombiano de los últimos cincuenta años. Se ha argumentado que en su origen hay un ‘problema agrario’ no resuelto. También que la raíz está en la ‘exclusión’ de un sistema político que ha reproducido grupos de poder privilegiados y enquistados en el Estado. Más recientemente se ha subrayado el papel que han jugado las economías ilícitas en el sostenimiento de los grupos armados que encuentran allí jugosas rentas y motivos para perpetuarse. Estas explicaciones no son necesariamente excluyentes y se han combinado entre ellas. Últimamente se ha publicado un libro del Decano de Humanidades de Eafit, Jorge Giraldo Ramírez (Penguin Random House, 2015) que tiene una mirada distinta que amerita destacarse. En Las Ideas de la Guerra, el autor sustenta que el prolongado conflicto sostenido con las Farc tiene una explicación importante en sus ideas sobre la toma del poder y la estrategia de guerra, ideas férreas que han sido muy difíciles de cambiar. El meollo de la cuestión, en mi opinión, está en contextos internacionales del pasado, cuando pequeños grupos de intelectuales urbanos elaboraron planteamientos en los marcos del marxismo, el leninismo y el estalinismo que buscaron articulación con la movilización social urbana y rural del país, en la perspectiva de la toma del poder y diseñaron las estrategias conducentes a ello. Desde entonces, algunos sectores han privilegiado la lucha armada, otros la lucha política y no pocos argumentaron la combinación de las formas de lucha. En cualquier caso, desarrollaron e interiorizaron ideas, sintetizadas en programas, con los distintos puntos de vista. Las Farc adhirieron progresivamente a la estrategia de lucha armada como una estrategia única, antes de la toma del poder. Es así como terminan transformándose en un ejército y en una organización cada vez más desvinculada de los grupos sociales que le dieron origen. Pero una línea importante del análisis de Giraldo está en mostrar el papel de intelectuales que, en el marco de la izquierda, no estuvieron de acuerdo con la justificación que se daba a la lucha armada, o bien a la combinación de las formas de lucha. Se detiene, entre otras, en figuras como las de José Cardona Hoyos, Estanislao Zuleta, Jorge Orlando Melo, Francisco De Roux y Antanas Mockus. Cada uno a su manera, desde su lugar y en su momento, ha tratado de sustentar la necesidad de hacer política de oposición sin armas para democratizar el país. El primero de ellos, es necesario recordarlo, murió asesinado por las Farc.Estamos hoy ad portas de un acuerdo de paz histórico que no se produce por una toma del poder, pero tampoco hay ‘vencidos’, en sentido estricto. Se requiere que la autocrítica a la estrategia de la lucha armada sea radical, así como a las ideas que le dieron sustento. El autoritarismo vinculado con la concepción y la estrategia de la vía armada, debe dar lugar a la adhesión sin reservas de los métodos democráticos para el ejercicio del poder. Es importante tener en cuenta dos asuntos que Giraldo no desarrolla. Por un lado, que la estrategia de la vía armada no ha sido sólo de la izquierda guerrillera. También de la derecha paramilitar, aliada con sectores del Estado que tienen arraigo en ideas excluyentes y proclives a la violencia. Por otro lado, que en Colombia siempre ha existido, en todo el espectro político, pero ante todo en la izquierda, un grupo de intelectuales y políticos que siempre ha defendido la democratización del país por una vía exclusivamente democrática.

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