José Cardona Hoyos

Junio 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Hace 29 años, el 8 de mayo de 1986, murió asesinado en Cali el dirigente comunista José Cardona Hoyos, cuando caminaba hacia su casa, después de haber dado clase en la Universidad Santiago de Cali. Nació en Sevilla, Valle, estudió Derecho en la Universidad del Cauca, fue Representante a la Cámara durante varios años y militante y dirigente del Partido Comunista en buena parte de su vida hasta 1983, cuando fue expulsado del grupo político. La inquietud que se mantiene hoy viva es saber quién lo mandó asesinar, por qué razón y saber si el caso ha ameritado alguna forma de justicia. Al releer sus escritos y entrevistar algunas personas, todo conduce a pensar que fue ajusticiado por sus ideas políticas, no propiamente por grupos de derecha armados, sino por una acción perpetrada bajo la responsabilidad de las Farc y, tal vez, con la aquiescencia de miembros del Partido Comunista de ese entonces. Este hecho reviste hoy singular importancia, por las circunstancias que atraviesa el país y la esperanza que se tiene de llegar a un acuerdo de Paz, precisamente con este grupo armado, de manera que se le ponga un punto final a esta guerra. Hay varios escritos del dirigente Cardona que han sido recogidos en el texto Ruptura (Ediciones Rumbo Popular, 1985) que muestran un conflicto interno muy fuerte dentro del Partido Comunista, entre posiciones que sostenía la Dirección Central y aquella que mantenía Cardona, en la Dirección Regional del Valle y el Cauca. En el fondo este conflicto tenía que ver con la visión crítica de Cardona a la táctica de la “combinación de las formas de lucha”, a su consideración de que el Gobierno de Belisario Betancur estaba muy lejos de ser “fascista” y que la hora había llegado para que el Partido Comunista y sus miembros profundizaran exclusivamente una “línea de masas” que se desarrollara estrictamente por métodos políticos y sin el recurso a la violencia. Cardona, hace casi 30 años, fue el precursor de una postura que hoy se reclama de nuevo como necesaria por parte de quienes tienen esperanzas en el proceso de paz de La Habana, pero que a él lo llevó, en ese momento, a la expulsión del Partido y a la muerte.Las Farc están promoviendo hoy que se conozca “la verdad histórica” y para ello piden que se abran los archivos oficiales y que se nombre una Comisión de la Verdad. Tienen razón en esta exigencia, pero sólo en el entendido de que ellos mismos asuman la responsdabilidad histórica que les compete en tantos hechos de barbarie en toda la geografía nacional, a lo largo de tantos años. “La verdad histórica” se reconstruye a partir de víctimas y victimarios muy distintos en Colombia, todos anudados por un conflicto armado de diverso origen. Las Farc darían un paso fundamental hoy en el proceso de paz, para su credibilidad ante la sociedad colombiana, si reconocen su responsabilidad y proclaman su voluntad de hacer política sin armas, sin ambigüedades, incluso sabiendo de las posibles arremetidas de la extrema derecha y la guerra sucia. Ajusticiar por las ideas a dirigentes políticos es un crimen de lesa humanidad. En el pasado, todo lleva a pensar que esto sucedió con intelectuales comunistas como José Cardona Hoyos. Al conversar con alguno de sus familiares, percibo su interés en que el proceso de paz finalice con éxito y la guerra se termine; también en que la oposición democrática se fortalezca como deseaba su padre. Pero igualmente espera que las Farc reconozcan su responsabilidad política en un evento que no tiene justificación alguna y no debió ocurrir. ¿Es mucho pedir?

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