Intolerancia y violencias

Junio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Razones económicas que buscan la propiedad han sido un móvil muy fuerte para desencadenar hechos de violencia. También las razones políticas para lograr poder y dominación. En la historia reciente de los países occidentales ambas razones se han entendido como ‘clasistas’ y se ha querido estudiar en ellas la recomposición de distintos grupos sociales y estados. Pero hay una tercera posibilidad de entender la violencia, que ha existido desde siempre y notablemente en nuestros días: la violencia que se ejerce en nombre de ideas que se asumen de manera fanática e intolerante. La violencia se usa para reafirmarlas. Michael Mann, el notable historiador nortamericano, sostiene que las primeras violencias, más “clasistas”, están en declive, mientras que aquellas que se ensañan con los grupos étnicos y con las mujeres, fundadas en la intolerancia, tienden a aumentar en la sociedad contemporánea.Los lamentables hechos de Orlando fueron perpetrados por una sola persona que, en nombre de una interpretación del orden social vinculada con el Estado Islámico, llevó a cabo una masacre contra un grupo que se divertía en un establecimiento asociado con la comunidad Lgtbi. El asesinato de la joven parlamentaria laborista británica Jo Cox, defensora de la población migrante en Gran Bretaña y de la permanencia de su país en la Unión Europea, fue perpetrado por un individuo perteneciente a la extrema derecha británica que consideraba a los migrantes como una amenaza para la sociedad y que consideraba que su país debía salir de la Unión. Son sólo dos ejemplos de acciones individuales que se llevan a cabo en las naciones más avanzadas de occidente y que se hacen en nombre y en defensa de un orden social que se sustenta en la intolerancia y la violencia. Es importante anotar que este tipo de acciones contradice absolutamente el legado occidental, vinculado con la ilustración y la democracia, legado al que no se puede renunciar y que ha sido el fundamento de los Derechos Humanos. Su manera de validarse es esencialmente otra.En Colombia nuestras violencias son más ‘clasistas’ e involucran actores que se enfrentan más a partir de prácticas colectivas que individualizadas. Pero, debemos reconocer que la intolerancia ha estado presente en gran parte de las violencias que se han llevado a cabo en la sociedad, especialmente sobre indígenas y negros. También sobre las mujeres, por ser mujeres, y sobre ciertos sectores sociales vulnerables como los llamados ‘desechables’ y los homosexuales o travestis. Las cifras de Medicina Legal para Cali sobre este tema y para los últimos diez años son ilustrativas al respecto. En estos casos, el tema de la violencia no es económico, tampoco político: es de intolerancia e incapacidad de reconocer identidades distintas a la dominante.Claro está que la intolerancia puede combinarse con ideas políticas y con la violencia. En Colombia esto tiene una historia muy larga. Estamos ad-portas de firmar un acuerdo de paz en el que hay que promover a toda costa la tesis del juego democrático de las ideas políticas distintas, algunas de las cuales priman y asumen responsabilidades en el manejo del Estado y otras minoritarias que deben permanecer en la oposición. No puede aparecer la violencia en el juego democrático de las ideas políticas. Se debe reconocer el paso adelante que significa la paz, tolerar las diferencias en defensa de un nuevo orden social y, aunque no se olvide y se pida que se reconozcan las responsabilidades, no recaer en violencias fundadas en la intolerancia, de parte y parte.

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