Ideas ante el drama

Febrero 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Aunque han salido publicadas cifras distintas, debería ser fácil ponerse de acuerdo en la tasa de homicidios para Cali en 2011. Si la ciudad tenía 2.269.658 habitantes, según el Dane, y ocurrieron 1.845 homicidios, según el Observatorio de la Alcaldía, entonces la tasa por cada cien mil habitantes fue de 81. Durante tres años seguidos, desde 2009, la tasa fue la misma, mientras que entre 2005 y 2008, la tasa promedio fue de 71. Estas cifras, comparadas con las nacionales o las de otras ciudades colombianas, dejan ver que el problema es muy grave en Cali. Se relaciona con los rasgos centrales de funcionamiento de la sociedad y del Estado en la ciudad o en el Departamento que tienen tasas muy parecidas. Aunque no se puede esperar una solución solamente desde la Alcaldía, una situación de esta es un reto muy grande para el Gobierno Municipal. Es apropiado sacar lecciones del pasado y no caer en Programas retóricos como el de la Alcaldía anterior, especialmente su Plan ‘Cali es Vida’, que se proponía reducir la tasa de homicidios de la ciudad de 70 en el 2008 a 45 en 2011.Como miembro de la Comisión ‘Programática’ y luego de la de ‘Empalme’ del actual Alcalde, en el tema de Seguridad y Convivencia, tuve la oportunidad de insistir en unas pocas ideas que considero son claves y pueden tener un efecto en el mediano plazo, si se persiste en ellas. La primera es privilegiar la figura del Alcalde como una persona que asume el problema en toda su magnitud y, en consecuencia, lidera y compromete al conjunto de su administración en la lucha contra la violencia, la criminalidad y por la convivencia. La segunda implica que su liderazgo se traduzca en un mejor funcionamiento de la Policía. Es importante que asuma su rol como ‘Jefe de Policía’ local y trabaje de manera muy estrecha con la Institución, para que mejore su eficiencia y eficacia en la lucha contra la criminalidad y la violencia. La solución no es solamente más presupuesto y más policías. Además de los resultados, se requiere lograr legitimidad y confianza por parte de la ciudadanía. En la Alcaldía anterior, aumentaron de manera significativa el presupuesto para la Policía, pero esto no se reflejó ni en la pertinencia de todos los gastos y, menos aún, en una mayor seguridad ciudadana. En cualquier caso, fue claro que la Policía no trabajó de manera coordinada con la Secretaría de Gobierno. Esto debe modificarse de manera radical: el Alcalde debería supervisar el funcionamiento de la Policía en la ciudad. La tercera es desarrollar una gran estrategia, fundamentalmente pedagógica, alrededor de las normas y la vida ciudadana. La ciudad ofrece un panorama que indica cómo el tránsito, el espacio público, los momentos y espacios de recreación, así como los eventos masivos, incluyendo la Feria, pueden ser tomados como oportunidades para desplegar estrategias pedagógicas alrededor de normas de convivencia. Por el momento, algo se insinúa con la actividad de la Secretaría de Tránsito que indica, de paso, cómo el irrespeto por la normas no es sólo en los estratos populares. Este tipo de acciones focalizadas en la pedagogía deben ampliarse a distintos ámbitos de la vida ciudadana. La cuarta se centra en el requerimiento de una Justicia pronta y eficaz para las víctimas. Cuando ya se ha producido el delito, incluso para prevenirlo, el Estado local puede acercar la Justicia al ciudadano. Es importante darle nuevo impulso y vida a las Casas de Justicia como lugares en los que es posible dirimir muchos conflictos entre ciudadanos e impartir formas alternativas de justicia, antes de remitir los casos al tratamiento de la Fiscalía y de la Justicia ordinaria.

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