Gobierno y oposición

Junio 30, 2010 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Dos preguntas claves sobre las elecciones son saber quién ganó con la votación por Juan Manuel Santos e indagar por el futuro de la oposición. Para una democracia moderna es fundamental que las elecciones den lugar a un Gobierno apoyado por la mayoría de la población que refrenda un conjunto de ideas, propuestas para resolver los problemas más urgentes de la Nación. La oposición no obtiene la mayoría, por lo tanto no participa normalmente del Gobierno, pero debe tener todas las garantías institucionales para que ejerza un papel de crítica, vigilancia y construya una posible alternativa futura de poder. En Colombia, históricamente ha sido muy difícil consolidar un sistema político de ‘gobierno y oposición’. Las pasadas elecciones mantienen este rasgo de dificultad que tiene que ver con la propensión generalizada por participar en el Gobierno y en sus beneficios económicos y la dificultad de institucionalizar la oposición, asunto crucial para que no se argumente que frente a un poder omnímodo de todo el Estado, sólo vale la oposición armada. Mucha falta le hace a Colombia una oposición democrática y no violenta. Aunque se ha avanzado notablemente en esta dirección, la trayectoria histórica ha sido lenta y dolorosa. Una buena parte de la votación por Santos es uribista. Esta votación adhiere a una noción de ‘seguridad democrática’ y de necesidad de ‘continuismo’ de una forma de manejo del Estado instrumental que ha sido, en casos notables, de beneficio particular, clientelista y corrupta. Pero indudablemente Santos obtuvo también una significativa votación propia, precisamente alrededor de su llamado a la ‘unidad nacional’, en el que confluyeron los más distintos sectores: conservadores, que abdicaron hace rato de sus principios, liberales neo-lleristas y liberales tradicionales que esperan un nuevo aire con el gasto público, entre otros. Este sector ‘santista’ no es continuista, tiene contradicciones con el uribismo y entiende que se deben hacer reformas significativas, en las relaciones entre poderes, en la formalización de la economía, en el manejo de las instituciones estatales, entre otros. Santos tendrá que entenderse entonces con agrupaciones políticas muy distintas que han apoyado su candidatura, todas ellas con bajos perfiles programáticos y ávidas intenciones de participar del presupuesto. La gobernabilidad será precaria, más a medida que avance el gobierno y el reto de Santos será introducir cambios indispensables a una continuidad insostenible, pero deseada.La oposición puede ser la tercera parte de la opinión electoral que se refleja en una bancada parlamentaria aún menor. Sufre también de una escasa organización partidista y de esa enfermedad que consiste en pensar que ‘la sociedad civil’ puede llegar de la noche a la mañana a borrar las tradiciones en el manejo del Estado, a partir de liderazgos individuales coyunturales. El reto de la oposición, en este momento, es mantenerse como tal, organizarse, despersonalizarse y emprender una crítica radical y democrática a los manejos que se hagan desde el Estado. Más tarde que temprano, el Partido Verde tendrá que entender el valor del Polo Democrático para hacer oposición, lo mismo que la importancia de sectores del liberalismo que hicieron excelentes propuestas de campaña y de sectores conservadores que aún guardan algún decoro sobre el manejo del Estado. Este sí es un momento para ser profesor y tratar de convencer; el anterior a las elecciones era para demostrar que se tenía capacidad de gobernar, sin empantanarse en la discusión.

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