Fanatismo y política

Fanatismo y política

Julio 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

No comparto la forma como el ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria se propone la defensa del anterior gobierno. La emprende contra Daniel Coronell y contra León Valencia en aspectos de su vida pasada, con el espíritu de un censor supuestamente poseedor de una verdad absoluta y desprovisto de toda culpa. Actúa como un ideólogo-religioso, más que político, que busca mantenerse “fiel a unos principios” y lo hace de manera francamente fanática. Difícilmente asume el rol de quien escucha argumentos, debate los propios y encuentra una verdad argumentada en la mitad del camino. Está en su derecho, por supuesto, aunque puede ser objeto del mismo tipo de críticas, lo que no hace sino empobrecer el debate sobre asuntos públicos y políticos. En sus columnas publicadas en El Tiempo la emprende contra el connotado periodista y contra el reconocido analista político por sus posiciones sobre el gobierno anterior. En el caso del primero por sus denuncias sobre casos de corrupción y de incidencia de mafiosos y, en el caso del segundo, por su argumentación sobre el paramilitarismo, su relación con el narcotráfico, la política y el manejo del Estado. Todo esto podría dar lugar a una confrontación de ideas entre la opinión pública, que aclarara asuntos de interés en el manejo del Estado. Pero el arma escogida es la del señalamiento de aspectos pasados de la vida personal de los críticos, de los cuales el mismo Gaviria no está exento.En el caso de Daniel Coronell, le critica haberse inventado un “orígen épico” sobre la llegada de su familia judía a Colombia. En contraste, el portal Kien&Ke habría descrito los orígenes de Coronell padre (humildes, pero respetables, observa Gaviria), casado con una maestra de escuela cristiana. Hasta aquí todo bien, pero Gaviria acusa a Coronell de una gran “impostura” ya que una cosa es ser judío por conversión y otra “es simular haber nacido judío para infiltrar a la comunidad con fines aviesos”. Yo no entro a juzgar la verdad o falsedad de las afirmaciones. Sencillamente me indigna que sea la manera de responderle a un periodista, crítico de un gobierno. A León Valencia no le perdona su pasado como guerrillero del ELN. De manera particular, le saca a relucir que, en su libro ‘Mis años de Guerra’, además de reconocer que era un miembro de la dirección del ELN encargado de las finanzas, haya hablado de la “justeza del secuestro”. Aquí me parece que hay una discusión más interesante que en el caso anterior, aunque tampoco es la manera de responder a los análisis de Valencia sobre el paramilitarismo y los hechos de barbarie de estos grupos sobre la población colombiana. A favor de Valencia está que él mismo escribe el libro, autobiográfico y crítico de su experiencia guerrillera, y lo publica estando convencido de que acertó en retirarse de la guerrilla y prefirió entablar una negociación de paz con el Gobierno. Hoy en día no conozco ninguna afirmación de Valencia que reconozca la “justeza” del secuestro. Por el contrario, su énfasis y anhelo está en terminar la guerra y su barbarie, así como en profundizar la democracia y el Estado de Derecho en Colombia. Hay que abonarle a Gaviria que, sin quererlo, planteó un problema importante para la sociedad colombiana hoy. ¿Se puede hacer un proceso de paz, con la guerrilla o con los paramilitares, que olvide, perdone o condene levemente las atrocidades cometidas durante la guerra? La discusión queda abierta, pero debe hacerse con altura y respeto.

VER COMENTARIOS
Columnistas