El MÍO

El MÍO

Julio 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Hace unos días, esperé en el carro mientras un familiar hacía una vuelta en el barrio Santa Teresita, en la calle por donde transita el MÍO desde el zoológico. Enfrente, se fue formando una fila de quince a veinte personas en el paradero. Cuando me retiré, al cabo de veinte minutos, no había pasado el bus y los primeros ciudadanos en la fila parecían bastante molestos con la situación. El hecho impacta, pues muestra la desigualdad con quienes, como yo, pueden usar medios de transporte privados. Pero me impactó también pues acababa de llegar de España y Portugal, donde hice uso diario del transporte público en distintas ciudades. Había información precisa sobre los horarios de cada ruta, con la posibilidad de combinar los medios de transporte y llegar en buen tiempo y confortablemente al destino. En algunos casos, como en el metro de Madrid, había información que indicaba en cuanto tiempo llegaba el próximo tren. En esta situación, el ciudadano cuenta con calidad y eficiencia en el transporte público que se torna atractivo para amplias capas de la población. Paralelamente, me entero por la prensa local que los choferes de una de las compañías concesionarias del MÍO han suspendido su trabajo por falta de pago y que el Alcalde está diligenciando recursos nacionales para apoyar a las empresas en mala situación económica. Por su parte, el Superintendente de Servicios Públicos hace advertencias para que no se llegue a la intervención del sistema de transporte público. En entrevista para El Tiempo, el presidente de Metrocali afirma que lo más difícil de enfrentar en sus 11 meses de trabajo ha sido: “No prestar de manera eficiente ese servicio de transporte masivo que a los caleños se les vendió hace cinco años”. En otras palabras, no se ha cumplido con el objetivo principal del sistema de transporte público y, por otra parte, éste muestra serios problemas económicos y financieros.Como se comentó en otra columna de opinión cuando comenzó sus operaciones, más allá de sus bondades, que también las tiene, el sistema del MÍO mostró problemas que han resultado ciertos y que se han agravado. Esto no quiere decir que el sistema de transporte público anterior fuera mejor, tampoco que no se puedan introducir modificaciones de fondo al sistema existente y que no se deba pensar más en serio en el trasporte público multimodal, con visión de largo plazo. Si esto se hace con responsabilidad y a fondo, los ciudadanos de todos los estratos van a usar el transporte público y se va a reducir sustancialmente la opción del transporte privado individual.Después de un viaje a ciudad de México, me aventuré a afirmar que, en espera de un sistema de metro para la ciudad de Cali, que es necesario, se puede pensar en rutas “troncales” eficientes y claramente definidas. En ciertos puntos de las troncales, pueden organizarse estaciones con medios de transporte colectivos privados, debidamente regulados, que llevan a los pasajeros cerca de su destino final. Los “peseros” en ciudad de México son muy eficientes, lo que no sucede con nuestros “alimentadores”. Por otro lado, está el problema de la financiación del sistema de transporte. El mecanismo de los acuerdos de “confidencialidad” con los concesionarios de que habla el Presidente de Metrocali es odioso para el interés público que requiere plena transparencia. No se puede aceptar que mientras hay ganancias, las empresas privadas participan, pero que cuando hay pérdidas, el Estado debe refinanciar el negocio. Es preferible que el sistema básico sea enteramente estatal y, si es del caso, subsidiado.

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