Drama académico

Agosto 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

En mi columna anterior mencioné que en el pasado Congreso de Americanistas en Viena se había organizado un simposio sobre la vida y obra de Gerardo Reichel Dolmatoff, figura insigne de la Antropología en Colombia. En medio de más de 200 paneles y de mis propios compromisos con una ponencia, no pude asistir al foro en memoria del antropólogo. Posteriormente, conocí el artículo de la revista Arcadia, firmado por Camilo Jiménez Santofimio, en el que se narra la presentación del profesor Augusto Oyuela Caicedo de la Universidad de Florida en Gainesville. El profesor Oyuela descubrió, fundamentado en archivos, la participación del antropólogo austriaco en organizaciones nazis en su juventud. Esta revelación pública, en un escenario como el Congreso de Americanistas, dio lugar a artículos como el de la revista Arcadia y seguramente a un debate en el medio académico de las Ciencias Sociales.Los hechos con los que se vincula a Reichel Dolmatoff no son de poca monta. Probablemente, entre sus 17 y 24 años, fue miembro del partido nazi, estuvo vinculado a la SS hitleriana, participó en la guardia personal del Führer, alcanzó a entrenar guardias en un campo de concentración y, si su diario personal con el seudónimo de Erasmus Gerhard es confiable, habría participado en la purga y masacre de la Noche de los Cuchillos Largos, en junio de 1934. El hecho es que fue expulsado de la SS hacia 1936. Llegó a París en 1937 y se vinculó entonces a la resistencia antihitleriana francesa, liderada por Paul Rivet, uno de los creadores del Museo del Hombre. El presidente francés Charles De Gaulle lo condecoró con la Legión de Honor. Reichel Dolmatoff llegó a Colombia en 1939 donde desarrolló su carrera de antropólogo con méritos y reconocimientos incuestionables, entre ellos el de Claude Levy Strauss. El drama humano, personal y familiar, debió ser muy grande y penoso a lo largo de su vida, como fuerte es el remezón que se crea entre los científicos sociales americanistas. Pero, algunas cosas se deben tener en cuenta y es bueno sacar enseñanzas para la comunidad académica que se encuentra lejos de estar libre de toda sospecha, en casos individuales, sobre vinculaciones con hechos de barbarie. Por un lado, están las relaciones en su juventud con el nazismo y la violencia política. Estos hechos judicialmente no prescriben y la Justicia siempre tendrá que tenerlos en cuenta y juzgarlos, con quienes siguen vivos, vinculados con delitos graves, de lesa humanidad. Por otro lado, es indudable que en la trayectoria personal del antropólogo, hubo un viraje radical que lo llevó a participar en la resistencia francesa. No hay suficiente información sobre la expulsión del nazismo y el viraje personal. Pero debe reconocerse positivamente este evento. La auto-critica y el cambio personal son factores importantes que se deben valorar en una trayectoria de vida. Por lo demás, el valor de su obra y sus méritos como antropólogo en Colombia nadie los cuestiona. Por el contrario, considero que han sido relativamente desconocidos entre los colombianos, incluso por los académicos. Su obra queda incolumne.Hace unos años se publicó el libro ‘Pelando la Cebolla’ del hoy prestante escritor alemán Günter Grass. Fue un escándalo ya que revela en un texto autobiográfico su participación como colegial en las juventudes nazis. Grass tuvo el coraje de narrarlo. Le sucedió a él y también a miles de jóvenes cercanos al nazismo, un movimiento de masas que llegó al poder por la vía electoral. Cuando se pela la cebolla, inicialmente fresca y dorada, se encuentra progresivamente la amargura y podredumbre.

VER COMENTARIOS
Columnistas