Coconuco

Coconuco

Marzo 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Años atrás, como parte de un turismo familiar por carretera que añoro, hice varias veces la ruta entre el Huila y Popayán, en alguna oportunidad por la maravillosa vía Isnos-Paletará. Llegando al pueblo de Coconuco, mis padres nos señalaban la Hacienda del mismo nombre, rodeada de árboles muy altos, y entonces detallaban anécdotas sobre su historia y la del General Tomás Cipriano de Mosquera. Siempre quedé intrigado por el lugar y el personaje, mucho después con interés académico, por lecturas de textos como el del historiador norteamericano Frank Safford, en libro compartido con Marco Palacios: Colombia: País Fragmentado, Sociedad Dividida (Norma, 2002), en el que muestra el significado del General en la construcción del Estado nacional a mediados del siglo XIX. Posteriormente, tuve la oportunidad de evaluar la Tesis de Maestría en Sociología de la Universidad del Valle de Catalina Ahumada, sobre los aspectos sociales y culturales de la Hacienda. Hace seis meses volví a pasar por Coconuco y decidí detenerme en el lugar mismo. Para mi sorpresa, me recibió muy amablemente Marcela Mosquera, descendiente del General, heredera y actual propietaria de la casa y de cinco hectáreas a su alrededor. Me manifestó su devoción y dedicación por la casa, además de su angustia por su mantenimiento. Meses más tarde, hice otra visita en compañía del arquitecto que más sabe de haciendas en el Valle del Cauca, de su señora fotógrafa y de directivos de Comfandi que maneja un hotel en las inmediaciones del pueblo. Quedamos impresionados una vez más por la casa que se encontraba en relativa buena situación por el cuidado de su dueña. En conversación con ella, se nos ocurrió sugerir la conformación de una Fundación que pudiera ayudar a mantener vigente el legado histórico, además del patrimonio arquitectónico del lugar. Posteriormente, reconocidos arquitectos y abogados han manifestado su interés en el proyecto y han sugerido pautas de lo que podría ser la Fundación. También, personas prestantes del Cauca, entre ellos el ex Gobernador Guillermo Alberto González y del Valle, como Armando Garrido, han manifestado su apoyo al proyecto. Hay muy buena voluntad de muchos, pero es indispensable traducir las adhesiones individuales en un proyecto colectivo que logre resultados. Este es un proceso lento que no tiene en cuenta las limitaciones, en el mediano plazo, de la propietaria. En mi opinión, además de la Fundación, una opción realista que se debe considerar es la compra del predio por las autoridades nacionales o las departamentales del Cauca. Con el apoyo de la Fundación, si así se conviene, se le puede dar a la Hacienda un uso público, manteniendo su significado histórico, arquitectónico y paisajístico.En parte, hay elementos de la casa que permiten pensar en un museo que dé lugar a hacer pedagogía sobre la construcción del Estado Nación en Colombia. En mayor medida y de forma complementaria, se puede pensar que la Hacienda sirva como lugar de encuentro académico sobre temas de interés nacional o regional. El servicio de hospedería se puede convenir con Comfandi que tiene las instalaciones necesarias, a precios muy razonables y con calidad. Puede ser un lugar desde el que se profundiza, por la vía de la discusión, la integración nacional, un clara preocupación del General, hace ciento cincuenta años. Si alguna persona quiere colaborar puede escribir a: alvaro.guzman@correounivalle.edu.co

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