Cine y tertulia

Cine y tertulia

Mayo 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

El cine ha sido uno de los campos notables de la cultura artística caleña. Tanto desde el punto de vista de sus realizadores que hacen el mejor cine nacional, como de un público amplio que cuenta también con buenos críticos y profesionales especializados en el tema.A esta cultura cinematográfica ha contribuido de manera importante la institución de los cine clubes y las cinematecas. Es en este medio, donde se pueden apreciar las variadas formas del séptimo arte, donde se encuentra el público más interesado, donde son posibles las pocas discusiones entre realizadores, críticos y asistentes. Es este también el lugar privilegiado desde el cual las películas exceden el tiempo de su exposición para llegar al comentario con los amigos, a la memoria, reproducida en amenas conversaciones, sobre un buen planteamiento de ideas, a la manera del cine. En Cali, esta importante institución cultural que se inició con el Cine Club de los sábados al medio día en el Teatro San Fernando, ha continuado en las universidades, con un ferviente público de jóvenes, en Lugar a Dudas, los sábados por la noche, en Proartes y, de manera lacónica, quien lo creyera, en la Cinemateca de La Tertulia.Hay razones de fondo para pensar que La Tertulia es un lugar público privilegiado para las artes en la ciudad. La belleza de su entorno, de su arquitectura, la importancia que han tenido y deben tener sus exposiciones. El encuentro de la ciudad con la estética y con un público que no es solamente el que va a los cocteles de inauguración. Esto se debe consolidar y mejorar, sin duda alguna. Pero, en este contexto, no es comprensible lo que está pasando con la Cinemateca de La Tertulia, de la que soy asiduo y persistente visitante, aunque cada vez con mayores dificultades.La sala de cine tiene deficiencias notables en la silletería, en los tapetes, en las humedades que presenta y, en algún momento, en problemas de goteras. La información sobre la programación es pésima. Prácticamente es necesario desplazarse hasta el lugar para ver los anuncios en la entrada o en el parqueadero. No se puede entender que no exista un acuerdo con el diario El País para que aparezca la programación diaria, como solía suceder hace algunos años y, como hoy en día, acontece con Proartes. En las últimas presentaciones a las que he asistido, el público es muy reducido, de menos de diez personas, lo que es inaudito para una ciudad como Cali. He llegado a pensar que pueden cerrar la Cinemateca, lo que me parece una posibilidad que se debe evitar a toda costa.Hace unos años escribí una columna de opinión en la que criticaba la privatización del espacio de La Tertulia para hacer una feria de tapetes persas. Su directora me contestó enojada. Le repliqué indicándole mi interés en este espacio público y privilegiado para las artes en la ciudad. Hoy, lo hago con referencia a la Cinemateca y con el sólo interés de mantener este importantísimo espacio para el arte cinematográfico en el Museo. Sucede que, cada vez va menos público, aunque siempre es posible encontrarse con uno que otro ‘habitué’ de la sala, con quien comparto estas ideas. También las comparto con los que ya no van, por las razones también aquí mencionadas, pero que consideran importante que la Cinemateca reviva. Si el problema, como muchas veces sucede, es de dinero, se puede pensar en un apoyo entre ‘Amigos de la Cinemateca’, para mejorar, con sentido de prioridad, la propaganda y la sala, que no sólo sirve para proyectar cine.

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