Ceder y no dilatar

Octubre 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Estamos frente a una situación trágica en la que, por primera vez explícitamente, el grupo alzado en armas más fuerte del país decide dejarlas, entrar a la política y hacerlo dentro de un acuerdo firmado con el Gobierno, detallado y obligante ante la comunidad internacional. Cuando esto sucede, el plebiscito para refrendar los acuerdos se pierde por 55.000 votos, sobre un total de 13 millones. El Presidente, el mismo día de la votación, reconoce la derrota y plantea que se debe continuar en el objetivo de la paz con los del Sí y los del No. Se puede considerar que los del No ganaron, pero por razones distintas a los acuerdos de paz que se votaban, razones de animadversión hacia el Presidente, o hacia la llamada ‘ideología de género’, pero no necesariamente por razones que se opusieran a un acuerdo con las Farc, asunto al que parece cincunscribirse claramente el Centro Democrático. Los del Sí, perdimos por un pequeño margen, pero representamos una opinión, más allá del apoyo que se le dio al acuerdo firmado, una ‘fuerza social’ que entiende que estamos en el momento histórico de firmar la paz y que Colombia está en mora, hace mucho tiempo, de pasar a ser una nación democrática, sin violencia política.En estos quince días, han sucedido hechos significativos: los noruegos que tienen un gran prestigio con el seguimiento a la paz en el mundo y que estuvieron como veedores de los diálogos de La Habana, le dieron el premio Nobel al Presidente por su empeño en lograrla. Por otro lado, los jóvenes, y no sólo ellos, se han tomado las plazas y las calles para exigir la Paz, con los del Sí, los del No y los que no votaron. Estas manifestaciones juegan un papel fundamental, como expresión de la ‘sociedad’ y como exigencia a los ‘actores políticos’. Finalmente, se han abierto negociaciones con el ELN en Quito, asunto que estaba pendiente y dejaba un lunar en el conflicto armado colombiano. En medio de estos hechos, se han conocido pronunciamientos políticos sobre las modificaciones que se deberían hacer a los acuerdos. Este es un tema crucial de discusión, en el que se debe atender el llamado de los sectores sociales para una paz pronta. Se trata entonces de que las partes cedan y no dilaten, con espíritu patriótico.Me imagino que el Presidente pase por un cedazo las propuestas hechas, buscando que sean aceptables por las Farc y por los sectores políticos y sociales que quieren mejorar los acuerdos logrados. Esto no es cualquier tarea y se requiere, de nuevo, ceder y no dilatar. Es aceptable que las Farc busquen y puedan hacer política: los acuerdos no pueden ser para encarcelarlos. Es normal que los empresarios y los trabajadores del campo tengan todas las seguridades sobre la propiedad bien habida y el uso adecuado del suelo. El modelo de desarrollo agrario es mixto en Colombia: agroindustrial y campesino. Ambos deben ser compatibles con la vieja y aún significativa tesis de que la tierra es para el que la trabaja.Llegados a unos nuevos acuerdos, lo más pronto posible, el tema que subsiste es cómo refrendarlos. Se supone que la Nación estaría mejor representada en esta oportunidad, con todo lo acontecido, y que prefiere la paz a continuar la guerra. Una opción es convocar un nuevo plebiscito. Otra, según Hernado Gómez Buendía en su columna de El Espectador, es tener en cuenta la opción que: “…Establece la Constitución, la que permite la sentencia de la Corte, la que usó Barco y también usó Uribe, la que Santos debió usar desde el comienzo”. No hay que doblegarse frente a la búsqueda de la paz.

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