¡Basta ya!

Octubre 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Una parte de la opinión pública nacional considera que las negociaciones de La Habana deben continuar, incluso en medio del proceso electoral, hasta culminar en un acuerdo de paz. Otra parte plantea que se debe avanzar hasta el mes de noviembre, para hacer entonces una pausa hasta que se aclare quien será el nuevo Presidente. Otra parte considera que no se ha debido entrar en un proceso de negociación con las Farc. En otras palabras: lo deseable, lo realista y lo indeseable. En cualquier circunstancia, inquieta saber la razón de la lentitud de las conversaciones en los acuerdos logrados. Preocupa saber que no existe una clara decisión de la guerrilla, de que este es el momento y la oportunidad de terminar la lucha, si es que estamos frente a un conflicto político que sopesa racionalmente la vía armada. ¿Cuáles son los obstáculos para que tal decisión se haga explícita, como normalmente ha sucedido en procesos de paz exitosos?En realidad hay varios obstáculos, pero inquietan dos que tienen que ver con el imaginario que sostienen los líderes de la guerrilla, que se hizo explícito en la entrevista que hizo Antonio Caballero con ‘Iván Márquez’ y ‘Pablo Catatumbo’ en el Canal Capital. El primero, muestra que aún se conciben como una organización político-estatal (alzada en armas) que busca negociar de tú a tú con representantes de un Estado que, a pesar de múltiples problemas, tiene ya una forma estatal consolidada y señala el sendero por el que se debe transitar. En efecto, el horizonte histórico es el del estado de derecho, de concepción liberal y democrática, que el Gobierno de manera correcta no negocia. Pero las Farc vienen de un pasado y de una memoria política en la que esto no era así. En efecto, buscaron en el pasado un cambio radical en el poder y en la forma del Estado. Pero las circunstancias externas e internas se han modificado. La lógica de suplantación del poder de las Farc ya no se argumenta y están pidiendo formas de democratización de la sociedad colombiana, compatibles con las que tienen origen en la Constitución del 91. El problema está entonces en la difícil transición entre una postura y la otra. Hay otro obstáculo por superar. Tiene que ver con el reconocimiento que la sociedad puede darle a la guerrilla, aunque no comparta su estrategia armada. Varias veces insistieron en la entrevista en que no se disponía de la verdad verdadera sobre la historia del conflicto armado. Esta insistencia, más allá de su ingenuidad metafísica, lo que reclama es la difusión de su propia versión de los hechos. Este reclamo lo hacen con insistencia, después de que el Grupo de Memoria Histórica saca el informe Basta Ya, a manera de síntesis de su trabajo de varios años, publicado en 24 libros. Este informe tiene un rasgo fundamental: hace un análisis multifacético del conflicto armado, destaca el papel de las víctimas durante más de 50 años y propende por un mejor Estado de Derecho para la sociedad colombiana. En el informe queda claro que las Farc han sido parte del problema, al lado de los paramilitares y del mismo Estado, como victimarios diferenciados de una guerra sin perspectivas. Su título es un acierto: Basta ya. Por razones de cambio en el contexto internacional, por el impacto de la economía ilegal, por un problema agrario no resuelto, por los cambios que ha tenido el Estado, por los procesos de paz inacabados, es el momento de llegar a una decisión política y a un acuerdo que, en el mejor de los casos, no se vea entorpecido por el proceso electoral.

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