Amigo entrañable

Amigo entrañable

Diciembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Falleció Álvaro Camacho Guizado, sociólogo y amigo. Lo conocí recién llegado yo a la Universidad del Valle en 1975. Él y Nora, su esposa también socióloga, habían llegado de Bogotá un par de años antes, cuando la Universidad acababa de pasar por un período de crisis. Álvaro Camacho me entusiasmó desde el primer momento, y ese entusiasmo se encargó de renovarlo periódicamente hasta ahora, para que hiciéramos nuestro oficio de sociólogos en una universidad de provincia que brindaba todas las posibilidades para hacerlo de la mejor manera. Desde entonces fuimos colegas en varias aventuras intelectuales, entremezcladas con una relación personal muy intensa entre nuestras familias. Camacho se formó en la primera etapa de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia con profesores como Orlando Fals Borda y Camilo Torres Restrepo. Posteriormente, hizo su doctorado en Sociología en la Universidad de Wisconsin, en Madison, en donde profundizó, sin ambigüedades, lo que sería su impronta intelectual: la del pensamiento crítico, comprometido con el análisis de procesos claves de la sociedad colombiana, siempre vinculando el conocimiento con la búsqueda de una sociedad más incluyente y democrática. En la Universidad del Valle se preocupó por consolidar un grupo de profesores, en el Departamento de Ciencias Sociales, que impartiera docencia de calidad, que incursionara en investigación sobre la realidad regional, que mantuviera una “ética de responsabilidad” con el trabajo académico y con la función que nos correspondía, como intelectuales en nuestro entorno. Cuando lo consideró oportuno, nos embarcó en un Plan de Estudios en Sociología que, con su empuje y liderazgo, se convirtió en un Programa con los mayores reconocimientos por parte de las autoridades académicas nacionales. Posteriormente, antes de jubilarse en Univalle, nos comprometió, con el mismo empeño, en una Programa de Maestría en Sociología que ha tenido un gran impacto regional. Fue pionero en los estudios sobre la concentración del capital en Colombia y sus efectos en la política y en la sociedad colombiana. También en los estudios sobre el narcotráfico, contrastando el estigma y la desafección que recae sobre los consumidores, mientras prosperan las mafias del tráfico de drogas, se incrustan en el poder y son asimiladas y reproducidas por el orden social. Con Camacho hicimos los primeros trabajos sobre violencia urbana con el caso de Cali. Regresó a Bogotá, dejando lazos muy fuertes de aprecio en esta comarca. Añoraba los verdes típicos de la sabana cundiboyacense, el medio intelectual universitario bogotano y su cercanía con su equipo favorito: Millos. En Bogotá siguió, hasta último momento, con las clases, las investigaciones, los encuentros con colegas y estudiantes. Siempre con iniciativas, primero en el Iepri de la Universidad Nacional y después en el Ceso de la Universidad de los Andes.En el plano personal, Álvaro, Nora, Juana y Miguel, hoy con sus consortes e hijos, han sido como nuestra segunda familia, para mí, Cristina, Alejandro y Adriana. Gozamos mucho en innumerables viajes por Colombia y Ecuador. Tenía un especial cariño por Cartagena, la tierra natal de su madre. Le encantaba la buena mesa, siendo la comida todo un ceremonial, que le permitía echar cuentos, poner y recordar apodos. Fuimos los mejores vecinos en ‘La Loma de Mónaco’, en Cali. Solidario como ninguno en los momentos de dificultad. Lo recordaremos por su calidad humana, por su obra, por las experiencias vividas con él y su familia, que nos queda.

VER COMENTARIOS
Columnistas