Visita al Puerto

Julio 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

“Había aplazado mi visita a Buenaventura, a pesar de mi deseo de atender las frecuentes y generosas invitaciones que el pueblo y las autoridades civiles y eclesiásticas me han formulado simplemente por una causa: porque quería finalizar todos los trámites y gestiones internacionales y nacionales, que me permitieran anunciarles la inminente realización de una serie de obras que iniciarán la transformación de Buenaventura en un puerto moderno y en una ciudad digna del puesto preeminente que tiene en la geografía y en un plano económico de la Nación”.“Ustedes se han quejado muchas veces, con justicia, de que suelen venir comisiones de diverso género a examinar sus problemas y que no logran posteriormente una solución adecuada para ellos”.Los párrafos anteriores corresponden a un discurso del presidente Alberto Lleras, el 18 de Febrero de 1962, hace más de medio siglo. No dudo de su intención, al igual que la de otros presidentes que se han pronunciado de igual manera, ofreciendo soluciones que no llegan.Aún gran parte de sus habitantes carecen de alcantarillado y agua potable, el hospital está haciendo agua, el desempleo supera el 60%, subsisten altas cifras de analfabetismo, la criminalidad deja mucho que desear, con alguna frecuencia la guerrilla destruye las torres de trasmisión y la ciudad queda a oscuras, en fin su situación socioeconómica es lamentable. Este es el estado del puerto más importante sobre el Pacífico, el de mostrar; el otro, Tumaco, vive circunstancias peores, y pare de contar. Como es de suponer se perdió la fe en las promesas.Ni desde Bogotá, ni desde Cali se ha logrado aliviar los padecimientos de Buenaventura. El cambio debiera brotar desde adentro, con origen en su propia sociedad, pero los recursos económicos de que dispone son pírricos. Se ignora que la fuerza de transformación más poderosa es la de su propia ciudadanía. Las soluciones se analizan y se planean desde el altiplano, con casi nula participación de los nativos. Los recursos económicos que produce la actividad portuaria: regalías, derechos aduaneros, etc., viajan a Bogotá. Obviamente se requiere ayuda externa, pero sin exclusiones. Si bien es cierto que la corrupción es una de los achaques del Puerto, en este aspecto el Gobierno Nacional puede prestar una eficaz ayuda. Los órganos de control nacional brillan por su ausencia en la periferia. La justicia merece comentario aparte. Si en la Capital existe impunidad, en gran parte del Pacífico colombiano, simplemente la ley no existe. Se hace imperativo un plan integral de desarrollo del Pacífico, que trascienda al Gobierno Nacional y los locales de turno, un proyecto de largo aliento que comprometa los recursos necesarios; no más analgésicos. No fue suficiente la inversión prometida por el presidente Alberto Lleras, ni lo será la que ha ofrecido el Presidente Santos, son bienvenidos los paliativos, algo contribuyen, pero no resuelven los problemas de fondo, los cuales no se originan exclusivamente al Puerto, abarca toda la región. No es por casualidad que Buenaventura tenga una inmigración abundante y constante de habitantes del litoral, que acuden buscando un mejor porvenir. Ya pueden imaginarse las condiciones socioeconómicas de las regiones de donde provienen, para considerar a Buenaventura como la fuente de oportunidades.

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