Ver para creer

Ver para creer

Enero 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Cuando cursaba estudios universitarios, hace no pocos años, quince después de terminada la Segunda Guerra internacional, el mundo era unipolar, todo giraba alrededor de los EE.UU., la nueva potencia global. Al poco tiempo la Unión Soviética, junto a los países de Europa Oriental que habían quedado bajo su órbita, inició una aguerrida competencia, la llamada Guerra Fría. Sus objetivos fueron políticos, además de económicos, sin embargo sólo me referiré a los últimos. Existió en aquel entonces una carrera de largo alcance para probar cual de los dos sistemas era el más eficaz de producir crecimiento económico. El mundo experimentó la bipolaridad. Los que teníamos uso de razón, recordamos la feroz emulación entre las dos alemanias, y el muro de Berlín. El lanzamiento del primer Sputnik al firmamento para orbitar la tierra y el reto que le estableció el presidente Kennedy a su país de ser los primeros en llegar a la luna. Finalmente triunfó la economía de mercado, con sus falencias y virtudes.En ese entonces la peor parte la llevaron los países productores de materias primas. La ampliación de la brecha, entre el grupo de naciones del tercer mundo y las catalogadas como del primer, fue una constante. Las regiones ricas en materias primas, exportaban sus productos a precios que día por día perdían valor relativo, en comparación con los que tenían que pagar por la importación de productos manufacturados. Basta recordar las penurias que sorteó Colombia en las décadas de los años 70, 80, y 90 en materia de balanza comercial. A finales del 60, nuestro país exportaba alrededor de US$400 millones anuales, con unas necesidades de importación que sobrepasaban con creses esa suma. Fue tal vez el factor más limitante de nuestro progreso económico. ¡Qué tiempos aquellos!Pues bien, en las dos últimas décadas del siglo pasado, surgieron los tigres asiáticos y China, con crecimientos sostenidos anuales entre el 8% y el 9% . El desarrollo de esta última nación, se ha hecho sentir con fuerza, por su inmenso peso relativo dentro del contexto mundial. Igualmente ha sido sorprendente el crecimiento de la India, otro cuasicontinente. Ya en décadas anteriores se había registrado el milagro alemán y el meteórico resurgimiento japonés.En la última década del siglo pasado y en la primera del actual, América Latina no se quedó atrás y tuvo un saldo muy positivo. Dentro de nuestra región también han existido sorpresas. Colombia, anteriormente rezagado, en comparación con Argentina y Venezuela, hoy es un polo más atractivo para la inversión internacional que los anteriormente mencionados. Chile, otrora uno de los patitos feos del Cono Sur, ha sobresalido y se ha distanciado de sus vecinos. Infortunadamente nuestra región también se gana el campeonato de la inequidad, junto con los países africanos.Todos mirábamos al África como el campeón de los rezagados. No obstante en la década pasada, seis de los países africanos, formaron parte de los diez con crecimiento más rápido en el mundo. El continente progresó al 6% el año pasado. Este cambio en la tendencia se debe ante todo a los precios altos de las materias primas y al decrecimiento en los índices de aumento poblacional.Pues bien, ahora los países estancados son los EE.UU., los de Europa Occidental y Japón,otrora los manda más, y la locomotora que está jalonando el crecimiento la constituyen China, India y Corea del Sur, Latinoamérica y África, los relegados del pasado. El mundo dejó de ser unipolar o bipolar, y se está consolidando la tendencia multipolar.

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