Un viaje al pasado

Un viaje al pasado

Enero 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Para escaparnos del pasado bullicioso jolgorio ferial, mi esposa y yo preferimos abandonar la ciudad temporalmente. En esta ocasión la decisión nos condujo al Perú, cuna de la civilización más avanzada durante la época precolombina en nuestro continente suramericano. El asombro fue aumentando en la medida que la imaginación, estimulada por los descubrimientos arqueológicos, retrocedía en el tiempo. El litoral Pacífico peruano ofreció las condiciones más propicias para los asentamientos humanos primigenios, por su clima, la fertilidad de sus tierras, la proximidad al mar, el agua de sus ríos proveniente de las cumbres andinas y la facilidad de los desplazamientos de sus habitantes de norte a sur, lo cual permitió la prosperidad del comercio y la expansión del conocimiento. Conviene resaltar que infortunadamente nuestros ancestros suramericanos carecieron de la escritura, lo cual se constituyó en una limitación monumental para trasmitir la información y el conocimiento.En esta zona floreció la civilización Mochica, cuna del Señor de Sipán quien vivió en el Siglo II. En su tumba se encontró un tesoro sorprendente por su riqueza y la belleza de la ornamentación: collares, pectorales, aretes, etc., de oro, plata y cobre, hoy en día expuesto en un excelente museo, muy cerca de donde tuvo origen el descubrimiento. Esta política que se repite en varios lugares que visitamos, difiere de lo que ocurre en Colombia, donde todos los tesoros indígenas, independientemente de su origen, se encuentran expuestos en Bogotá.La cultura Mochica tuvo lugar entre el Siglo I d.c y el Siglo IX d.c Se distinguió por el desarrollo de la agricultura, para cuya expansión y eficiencia construyeron canales de riego que permitieron la utilización de sus fértiles tierras. Otra de sus características fue la belleza de su cerámica de impresionante realismo, muchas de cuyas piezas aparecen recubiertas con pinturas de sorprendente exquisitez. En el norte del Perú donde floreció, se pueden apreciar ciudadelas inmensas, como Chan Chan, muy cerca de Trujillo; más al norte, en las proximidades de Chiclayo y Lambayeque, encontramos pirámides truncas enormes, construidas con bloques de arcilla, exploradas parcialmente. Sus estructuras aún ocultan misterios no develados, que posiblemente sorprenderán al mundo en el futuro. Hacia el sur, también situadas en la costa, se encuentran las misteriosas líneas de Nasca cuyas figuras sólo se pueden apreciar volando sobre ellas.Encumbrado en un altiplano de los Andes, a 3300 metros de altura, nos topamos con Cusco, la capital del imperio Inca, ahora una muestra de la arquitectura colonial; más abajo el Valle Sagrado formado por el río Urubamba, el cual nos conduce por vía férrea a Machu Pichu, cuya edificación y su abandono es todo un misterio. Este lugar es sobrecogedor y enigmático. Las construcciones se encuentran literalmente adosadas a un pico, circundado por otros, aún más escarpados, constituidos por pizarras de granito que se elevan como minaretes gigantes hacia el firmamento. Demostración contundente de la capacidad arquitectónica de los Incas. En los muros de sus construcciones, aún intactos, fueron usados inmensos bloques ciclópeos ensamblados a la perfección y sin mortero. Para suplir sus necesidades alimentarias se construyeron terrazas, provistas de un ingenioso sistema de irrigación y drenaje. Si bien estos logros fueron admirables, se dieron mediante gobernantes autocráticos y despóticos, habituados a prácticas crueles, nada extraño en civilizaciones primigenias.

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