Sentencia inexplicable

Agosto 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Las decisiones que toma el poder judicial tienen unas connotaciones muy significativas. A diferencia de los demás poderes del Estado, sus consecuencias son definitivas para la libertad o la autónoma determinación de las personas. Hay sentencias que establecen la reclusión en prisión, otras la limitación de los derechos ciudadanos y en algunos países hasta el derecho a continuar viviendo. Existen diversas formas de sancionar los delitos. El solo hecho de ser acusado produce daño, puesto que afecta la reputación de las personas, por consiguiente tiene efectos nocivos que podrían considerarse irreversibles, razón por la cual la calumnia es también un delito.Por los motivos anotados, en la antigüedad las decisiones judiciales se reservaban exclusivamente a la autoridad máxima: reyes, emperadores o sultanes. Se suponía que una función tan importante debía reservarse para las personas más preparadas. Se pretendía, con razón o sin ella, que las determinaciones que se tomaran para judicializar una persona fuesen acertadas y justas, hasta donde humanamente fuese posible. Se trataba de que las sentencias fuesen correctas. Los jueces deberían ser las personas más virtuosas y maduras de la sociedad. El ejemplo más mencionado de un juez sabio e íntegro fue el que nos dio el Rey Salomón cuando le exigieron que determinara a cuál de las dos mujeres debería entregar el niño recién nacido.Hace poco tiempo la Corte Suprema de Justicia determinó que las pruebas obtenidas del computador del extinto jefe del grupo subversivo de las Farc, ‘Raúl Reyes’, no eran válidas. Dicho fallo tiene consecuencias jurídicas sobre sentencias ya proferidas, que ocasionan indefectiblemente secuelas políticas.Tuve la oportunidad de escuchar las explicaciones que dio el presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema, el magistrado Javier Zapata, en una entrevista en el noticiero de La W hace dos semanas y me surgieron profundas dudas sobre la lógica del fallo. Él argumentó que no podían reconocerse las pruebas de los computadores, puesto que se habían obtenido de manera irregular, sin el permiso previo de las autoridades ecuatorianas.Entiendo que uno de los deberes más importantes de nuestra Constitución es defender la vida, honra y bienes de los ciudadanos y el Sr. ‘Reyes’ tenía como misión de tomar el poder por la fuerza, para lo cual secuestró ciudadanos y autoridades colombianas, masacró poblaciones, promovió el narcotráfico, en fin cometió todos los delitos que lo condujeran a alcanzar su objetivo. Era evidente por los indicios que se tenían, que si se solicitaba la intervención a las autoridades ecuatorianas, el operativo muy probablemente abortaría. Ellos habían tolerado su presencia, por acción u omisión. Personas de su gobierno estaban al tanto de la existencia del campamento. Cuando el entrevistador le preguntó al Dr. Zapata sobre su opinión del tema de Osama bin Laden, eliminado por las Fuerzas Armadas de los EE.UU. en Pakistán, en circunstancias similares al caso colombiano, sus respuestas fueron incoherentes y la argumentación pobrísima. Qué distante estamos de tener magistrados que inspiren confianza en la Corte Suprema. Las opiniones de los radioescuchas fueron unánimemente críticas y hasta despectivas de su intervención.Ésta y otras sentencias recientes como la sanción exageradamente severa impuesta al general Arias Cabrales ponen en duda la ponderación, la equidad y la sindéresis de sus fallos, lo cual no quiere decir que no debamos acatarlos, ni que se nos prohíba criticarlos.

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