Se perdió la oportunidad

Se perdió la oportunidad

Septiembre 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Durante muchos años el componente telefónico de Empresas Municipales de Cali fue un generador de utilidades que ayudaba a compensar las pérdidas de los demás servicios: energía, acueducto y alcantarillado. La empresa disfrutaba de un cómodo monopolio. La oferta era copada, por lo cual, se produjo escasez. Era habitual tener que esperar meses para que le instalaran un nuevo teléfono.Algunos miembros de la Junta y del Concejo aprovecharon las circunstancias para cobrar coimas, argumentando agilizar la instalación. Un establecimiento comercial sin teléfono nacía muerto. No suena extraño.Pues bien. El tiempo transcurrió y se perfeccionaron los teléfonos celulares. Una forma nueva y moderna de comunicarse. La irrupción de este sistema se visualizaba desde el comienzo como una amenaza para la telefonía fija por cable. Cali no era la excepción, muchas otras empresas de teléfonos en Latinoamérica eran de propiedad del Estado. Los gobiernos decidieron permitir la competencia abierta en este campo. Se consideró que las comunicaciones eran un factor muy importante para impulsar el desarrollo y la competencia, por lo tanto debía desregularizarse el servicio para estimular su dinamismo. Las empresas estatales y monopólicas son paquidérmicas. Sus objetivos no son necesariamente coincidentes con la sostenibilidad económica de largo plazo. Acordémonos de los FFNN, Colpuertos, Telecom, los Seguros Sociales, etc. Esta apertura desató la competencia y la dinámica de la innovación. Los desarrollos tecnológicos fueron vertiginosos, hasta el punto que ahora los celulares son el pan nuestro de cada día. Existe prácticamente un celular por habitante, y además, desde estos aparatos se realizan transacciones bancarias, se toman y envían fotos, se transmiten mensajes escritos; en fin, todos los días se inventan nuevos usos para este artefacto.Previendo que la sustitución tecnológica era evidente y que las empresas estatales no podían competir en este nuevo entorno, muchos fueron los gobiernos que salieron a vender o a realizar alianzas estratégicas antes de que dichas empresas perdieran su valor. Inicialmente se lograron concretar transacciones por más de $1.000 dólares por línea, después los precios bajaron paulatinamente. Ahora vender las líneas fijas es casi imposible. Hace ya algún tiempo Emcali trató de dividir jurídicamente los tres negocios, telefonía, energía, acueducto y alcantarillado, para poder realizar alianzas con empresas de comunicaciones privadas, pero el sindicato se opuso y lo impidió. La Superintendencia de Servicios Públicos que intervino a la empresa hace once años propuso la venta del componente de telefonía para fondearla, cuando aún era posible obtener un precio atractivo, pero tanto el Concejo, como el Sindicato se opusieron con el argumento de que no era aceptable la privatización. Hace dos años la Superintendencia buscó un eufemismo aceptable tanto para el Concejo como para el Sindicato, se planteo una “capitalización”, pero ya era tarde. Como lo dijo recientemente el Superintendente, no existe el príncipe azul que compre la telefonía de las EEMM.Se perdió la oportunidad de vender más de cuatrocientas mil líneas fijas a precios que podrían haber significado sumas muy cuantiosas. Ahora las EEMM valen mucho menos debido a que el componente de telefonía tiene un valor ínfimo, el patrimonio de los caleños se erosionó sensiblemente y los culpables continúan orondos buscando el favor popular para sus causas políticas.

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