Se disparó el dólar

Agosto 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Muy difícil, casi imposible, haber acertado la magnitud de la devaluación, aunque la tendencia era evidente. Ningún gurú visualizó la aceleración del cambio, ni su monto. La causa del derrumbe ha sido el precio internacional del petróleo. Nuestra balanza comercial estaba sustentada por las exportaciones petroleras en un 70 %, además de la inversión externa directa originada en esta actividad. Estamos acostumbrados a ser mono-exportadores, antes era el café, ahora son los combustibles, carbón e hidrocarburos. En múltiples ocasiones se advirtió que padecíamos la enfermedad holandesa, no obstante se ignoró el impacto de las secuelas. Las consecuencias para nuestra economía no son pocas. Como primera medida, van a producirse aumentos en los costos de los productos e insumos extranjeros, lo cual tendrá un efecto importante en el costo de vida. La inmensa mayoría del trigo que consumimos proviene del exterior, por consiguiente el pan y las pastas elevarán sus precios. Curiosamente también se incrementará el precio de la carne de pollo, casi la totalidad de la soya para alimentarlos proviene del exterior. Se aumentarán los precios de los computadores, los electrodomésticos y los vehículos. Crecerá el turismo en nuestro país y se hará más costoso viajar al exterior. Se aumentará la presión inflacionaria. Para controlarla, cuando comiencen a sentirse los efectos, el Banco de la República elevará las tasas de interés.La industria, que estuvo postrada por una década de tasas de cambio poco competitivas, comenzará a reverdecer con el tiempo, aunque pienso que tomará más de lo que los economistas se imaginan. Volver a restituir e impulsar el aparato productivo no se hace de la noche a la mañana. También se verá favorecido el sector agropecuario; así por ejemplo: se protegerá la producción nacional del arroz y el alcohol, las importaciones del Ecuador serán más costosas, los cafeteros van a recibir lucrativos beneficios por sus cosechas.Para poder atender el endeudamiento exterior se requiere destinar más pesos colombianos, lo que significa un encarecimiento de la deuda en dólares. Quienes se financiaron en moneda extranjera, ahora van a sufrir las consecuencias, lo que incluye la deuda del Gobierno.Otro de los efectos nocivos del desplome de los precios del petróleo que va a sentirse con fuerza es el impacto en la tributación. Buena parte de los ingresos fiscales del país provenían de regalías petroleras y de Ecopetrol. El bache tributario va a tener que ser sustituido con mayores impuestos, procedente de otras fuentes. Se le va a meter la mano al bolsillo de los colombianos.“No hay mal que por bien no venga”. Ahora podemos beneficiarnos enormemente del turismo internacional, nos volvimos baratos, por consiguiente muy competitivos. Las confecciones florecerán. Sin duda, asimismo, los costos relativamente bajos nos permitirán constituirnos en un productor de software. Seguramente vamos a atraer la fabricación de productos con alto valor agregado nacional, que son precisamente los que más empleo ofrecen, para lo cual se requiere una legislación estable que promueva la inversión. Los proyectos industriales, por su naturaleza, son de largo plazo. La tributación actual los espanta. Equilibrar la balanza comercial será difícil, exigirá sacrificios y tomará tiempo.

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