Salud y corrupción

Salud y corrupción

Abril 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

El exitoso y admirado periodista Juan Gossaín publicó un artículo, en una edición dominical del Tiempo, describiendo las penurias a las que se someten los pacientes de nuestro sistema de salud para que los atiendan. Fue muy crítico de la Ley 100 y del andamiaje que se creó para atender la salud de los colombianos, despotricó sobre las corruptelas que se han presentado en casi todas las instituciones que lo componen. Instó al gobierno a apoderarse de la atención médica como en el pasado. El periodista Gossaín critica, con razón, muchos aspectos del servicio a los pacientes y las dificultades económicas de los hospitales, el último eslabón de la cadena. Se debe revisar el sistema y hacerle ajustes para mejorar su operatividad, pero volver al Instituto Colombiano de Seguro Social, operado por el Estado, como se intuye de sus comentarios, sería un error. Esa decisión no eliminaría la corrupción, ni la politiquería. Se me vienen a la memoria los casos de médicos que recibían honorarios por trabajar más de 24 horas al día, cirugías que se posponía indefinidamente, compras de medicamentos por precios elevadísimos, etc. Por algo se tuvo que liquidar, con el beneplácito de la ciudadanía. La memoria es muy frágil, con frecuencia olvidamos las malas experiencias del pasado.Mal que bien las Empresas Prestadoras de Salud compiten por atraer clientes y prestar servicios, en cambio el Seguro Social era un monopolio del Estado y como tal eliminaba las alternativas. La competencia es conveniente y necesaria. “Más corre una persona con un tigre atrás que con una liebre por delante”.Generalmente se critican las instituciones, cuando de corrupción se trata, de manera equivocada. La corrupción la originan las personas, no las organizaciones. La calentura no está en la sábana sino en el paciente. Existen EPS mal manejas y otras que han cometido delitos económicos, pero no podemos desconocer que hay otras honestas y bien administradas. La generalización es perversa. De contar el sistema de salud con una supervisión más estricta y actuante, otro sería el resultado. Si de algo es responsable el Estado, es por la falta de vigilancia y de control. No se comprenden las desviaciones de dineros de la salud hacia la hotelería, los cobros indebidos al Fosyga y los sobornos. ¿Donde estaban los organismos de control cuando esto ocurrió? La Ley 100 a pesar de sus defectos, amplió la cobertura y mejoró la prestación de servicios de salud. Sin desconocer que se necesitan cambios, en buena parte los abusos que se presentan son producto de la falta de control. Infortunadamente las falencias se pagan muy caro pues se trata de la salud de los ciudadanos. Por esta razón los organismos fiscalizadores del sistema de salud deberían ser, lo mejor de lo mejor; eficaces, contundentes y oportunos en imponer las sanciones, y así evitar los desafueros.Lo primero que se debe hacer para que se imponga la honestidad es educar ciudadanos con fundamentos éticos, pero como esto no basta, ya que siempre existirán personas en las que la avaricia sin límites prevalezca sobre sus principios, se requieren organismos de control absolutamente independientes y actuantes, de los cuales por ahora carecemos. Hablando de la salud, ¿qué tal el caso del Departamento del Valle? Solamente, y gracias a una funcionaria eficaz, la contralora Sandra Morelli, después de tres años se hizo público el asalto a la Licorera, la mayor fuente de recursos de la Secretaría de Salud.

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