Perdieron el norte

Febrero 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Recientemente se produjo una insólita unanimidad en la opinión pública sobre el desempeño de las mal llamadas Corporaciones Autónomas Regionales, las cuales ni son autónomas, ya que se encuentran secuestradas por la politiquería, ni son regionales, puesto que no responden a criterios regionales afines, sino a ámbitos geográficos determinados por las divisiones políticas preestablecidas. Su inoperancia fue absoluta para prevenir o responder ante los daños ocasionados por las lluvias de finales del año 2010.También ha existido unanimidad a cerca de la mayor causa de su fracaso: la gobernabilidad. Debido a que las normas que las rigen permitieron a los políticos adueñarse de su orientación y gobierno, su desempeño fue todo un fiasco. Se afirma, con razón, que la dirección de dichas corporaciones ha debido estar en manos de técnicos, más entendidos en estos temas, con objetivos más apropiados, de corto y largo plazo.Tengo reparos a la disyuntiva entre técnicos y políticos. Pueden existir políticos sabios, excelentes administradores, como también es posible encontrar técnicos incompetentes para dirigir las organizaciones. Casi todo depende de la idoneidad, rectitud y amor por la institución de las personas que las dirigen.El desastre ocurrido estimuló al Gobierno Nacional a proponer una reforma de las normas existentes, con el fin de mejorar su gobernabilidad, y de estructurarlas de tal manera, que respondan más adecuadamente al cumplimiento de su misión. Definitivamente la arquitectura organizacional es importante para que las entidades cumplan a cabalidad con sus propósitos, sin embargo no es suficiente.Poco o nada se logra en una entidad excelentemente concebida, si es gobernada por personas mediocres o inadecuadas para el cargo, en cambio una institución con defectos constitucionales puede lograr éxitos, si a su cuidado se encuentran personas sabias y honestas.Para nuestro infortunio muchos políticos han perdido el norte de su misión fundamental, la cual se circunscribe a la búsqueda del mayor bienestar posible de sus electores. Desde hace no pocos años un buen número de nuestros políticos, tal vez permeados por la cultura que impuso el imperio del narcotráfico, privilegian el beneficio personal sobre la prosperidad de la comunidad a la cual deben servir.Si ellos hubiesen comprendido que su misión al frente de las Corporaciones Autónomas Regionales era el cumplimiento de sus objetivos primordiales, tal vez no se hubiesen presentado o se hubiesen mitigado las nefastas consecuencias de las inundaciones.Se le extravió la brújula a buena parte de los políticos que tenían el privilegio de orientar los destinos de dichas Corporaciones. Prefirieron anteponer a todas sus decisiones el principio corrupto del CVY, (tradúzcase ‘como voy yo’). Muchas de las determinaciones que se tomaron, estuvieron inspiradas en cuotas burocráticas o en el beneficio que dejan los contratos. Poco o nada les importó aplazar obras o dejar de ejercer funciones preventivas; al fin y al cabo estas actividades no aportaban dividendos políticos. La CVC es un buen ejemplo.Afortunadamente no todos los políticos se rigen por estos criterios, pero aún son muchos que los practican. No de otra manera se puede comprender el sinnúmero de aquellos que han sido destituidos, por prácticas corruptas. Nuestra región ha sufrido la destitución de varios senadores y representante, unos cuantos concejales, dos gobernadores, dos alcaldes de Cali y varios de otros municipios, y la noche que llega.

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