Obras en la ciudad

Septiembre 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Cuando el alcalde Ospina anunció su decisión de acometer un conjunto de obras en la ciudad, la mayoría acogió la iniciativa con beneplácito, a pesar de que su ejecución afectaría el bolsillo de los caleños. Se trataba de volver a utilizar el sistema de valorización, aplicando una nueva metodología para derramar el gravamen. Hacía tiempo que la ciudad se encontraba estancada. Nos habíamos quedado atrás de otras capitales con crecimientos más dinámicos.Se levantaron en aquel entonces voces que advirtieron los riesgos de la contratación. El país ha vivido recientemente escándalos inauditos en esta materia, los cuales están siendo juzgados. Todos esperamos que la Justicia opere con prontitud y severidad. Debería existir una rendición de cuentas por parte de la Alcaldía de Cali, para disipar cualquier duda sobre este particular. La ciudadanía no tiene confianza en los órganos de control del Municipio, cuyos funcionarios son designados por el Concejo, una institución que no ofrece garantías. Se conoce que algunos afectados interpusieron recursos ante los organismos competentes, y hasta el presente no ha habido reparos, pero esto no basta. Conviene que la ciudadanía esté enterada de los costos totales de cada una de las obras y del plazo exigido para su realización.Una falencia que sí ha tenido la ejecución de las obras es la lentitud. Las secretarías que deben exigir el cumplimiento de los cronogramas se han rajado. ¡Qué tal el muro de contención de la Avenida Circunvalar! Tiene más de cuatro años en el mismo estado. El puente de la Avenida de las Américas es otro paradigma de la ineficiencia. Una obra sencilla que debería haberse entregado a tiempo. La repavimentación de las calles del Granada y Versalles van a ritmo paquidérmico. Ni qué hablar de las avenidas Cuarta y Octava norte, y la Calle 21. El trabajo tiene síntomas espasmódicos, unas veces se ve actividad y otras parálisis. Sólo se labora durante ciertas horas del día. “La noche se hizo para descansar”. Si se aplicara este mismo criterio en otras actividades privadas, las quiebras estarían en el orden del día. A este ritmo las obras le van costar más a los ciudadanos. Los costos aumentan con el tiempo, nunca disminuyen.En otras ciudades del país los reparcheos y las obras menores que interfieren con la movilidad urbana se acometen en la noche para evitar molestias a los ciudadanos, o al menos en horas de menos tráfico. Aquí hasta la Policía aprovecha las horas pico para realizar retenes. Está bien que utilicen el factor sorpresa, pero por favor, no todos los días.La ciudadanía ha tenido una inmensa paciencia, lo que demuestra que aceptan y quieren las obras, cuando intuyen los beneficios; pero la tolerancia tiene límite y no se debería abusar.La Alcaldía decidió acometer varias de las megaobras al mismo tiempo, tal vez con el criterio de que los tragos amargos hay que pasarlos rápido. Sin embargo, parece que no tuvo en cuenta las exigencias que debía imponer a los contratistas en cuanto a tiempo de entrega, ni la complejidad de las interferencias en la movilidad. Lo cierto es que atravesar la ciudad de norte a sur, o viceversa es toda una odisea que toma demasiado tiempo. Quizás la obra más importante de conectividad es la Avenida Circunvalar que debiera haber sido la primera en la lista de prioridades, obviamente con especificaciones muy superiores al precario tramo actual. Las pendientes existentes en dicha vía fueron diseñadas para escaladores.

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