No se prohíbe renunciar

Marzo 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Por democracia se entiende hoy la doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder mediante representantes elegidos por sufragio universal. No obstante se trata de una democracia imperfecta, si no se complementa con la separación de los poderes. Existe el riesgo de que un solo gobernante elegido encarne el poder absoluto, lo cual podría calificarse como dictadura democrática. La división de la autoridad entre los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo es indispensable para garantizar el equilibrio y evitar el totalitarismo. Los gobernantes de Venezuela y Ecuador además encontraron un cuarto poder que limitaba sus actuaciones, se trata de los medios de información, de ahí su interés para controlarlos.Ocurre que cuando se eligen los dignatarios, se hace por períodos fijos, tiempo durante el cual pueden cometer actos punibles definidos por la Justicia, o faltas contra la moral o la ética, no necesariamente ilegales, en el ejercicio de sus funciones, ocasionando la pérdida de confianza de la ciudadanía.Son numerosos los casos en los cuales los funcionarios debidamente elegidos cometen actos que erosionan su credibilidad, sin embargo se aferran a los cargos como lo hacen las fieras con sus presas. Se obnubilan de tal manera, que pierden la sindéresis y el sentido de las proporciones, les importan más sus intereses, que los de sus gobernados. En la votación existe implícita una demostración de confianza en la honestidad del candidato, de confianza en su ética, de confianza en que destinará la mayor parte de sus energías y capacidades en la búsqueda del bien común. Salir bien librados de sus acusaciones es un asunto personal.Claro está que en oportunidades, no todos los grupos de opinión comulgan con las decisiones de las autoridades por diversas razones, al margen de las faltas éticas, como en las orientaciones relacionadas con asuntos administrativos o ideológicos, lo cual es normal. Una de las virtudes democráticas es el respeto a las ideas contrarias. Lo que la ciudadanía no debe aceptar es que los funcionarios se aferren a sus cargos de elección popular, como los náufragos desesperados se abrazan a los leños, a pesar de haber cometido actos que vulneren su probidad y por consiguiente su credibilidad y su prestigio. En Colombia se olvidó conjugar el verbo renunciar.Ahora que la Dra. Viviane Morales presentó renuncia irrevocable al cargo como fiscal general, después de conocer el pronunciamiento del Consejo de Estado sobre su elección, los medios lo divulgaron como algo exótico y no pocas personas lo consideraron insólito. No estamos acostumbrados a que un funcionario renuncié por razones de dignidad y decoro. Ella no tuvo la culpa de su elección irregular, los culpables fueron los 14 magistrados que votaron a pesar de conocer que estaban violando el reglamento, como se deduce de sus declaraciones al votar. Lo que produjo más susceptibilidades y dudas fue su unión con Carlos A. Lucio, ex M-19, y asesor de paramilitares, hoy presuntamente converso.Recientemente la Contraloría Nacional profirió sentencia contra el gobernador, Dr. Useche, que afecta en materia grave su credibilidad. Él está en todo su derecho de defenderse y probar su inocencia, pero si el fallo definitivo toma mucho tiempo, en sus manos está prolongar su estadía o defenderse como ciudadano raso, para evitarle traumas al Departamento. Infortunadamente esta no fue la actitud del anterior Gobernador elegido.

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