Negociaciones en La Habana

Julio 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Hace aproximadamente tres décadas fui testigo presencial del lanzamiento de la Unión Patriótica, mediante discurso pronunciado por Jacobo Arenas, en Casa Verde, durante el gobierno del Presidente Belisario Betancur, antes de que las Farc entraran de lleno en el negocio del narcotráfico, asesinaran a los diputados del Valle y al gobernador de Gaviria de Antioquía, junto con el exministro Echeverri, o atentaran contra el Club el Nogal, crímenes de lesa humanidad. Ya habían demostrado su capacidad delincuencial, pero en menor escala de la que luego lograron alcanzar, antes de su declive, gracias a la acción de las FF.AA. Se abrió así un camino esperanzador de que se convirtieran en un movimiento político y dejasen las armas, como mecanismo para acceder el poder.De haber tenido éxito, el país se hubiese ahorrado el exterminio de muchos compatriotas. Todos sabemos en qué terminó la osadía. No soy tan ingenuo para creer que todo fue ocasionado por la extrema derecha, como se pregona; sin duda también hubo intervención de los fanáticos de la izquierda, quienes ejercen un odio visceral contra el orden social existente; entonces, todavía soñaban con llegar pronto al poder, por medio de las armas. Aún brillaba el triunfo de la revolución cubana y la Unión Soviética no había colapsado. Se desconocían, naturalmente, los fracasos del régimen socialista venezolano.No he cambiado de opinión, creo que para finalizar el conflicto se debe llegar a una negociación.Estoy inclinado a votar favorablemente el plebiscito, pero aún no tengo una opinión en firme, depende de lo acordado integralmente en Cuba, lo cual aún desconocemos. Un mal arreglo puede también acarrearnos problemas graves más adelante, impensables en la actualidad.Estimo que el afán del Presidente para firmar, ha sido contraproducente. En más de una ocasión ha prometido fechas que las Farc desmienten. Parece que su premura para estampar su rúbrica, lo estuviese llevando a ser obsecuente. Evidentemente no le basta con haber iniciado un proceso que está mostrando resultados.No comprendo que el convenio entre las Farc y el Gobierno colombiano continúe llamándose acuerdo de paz. No es problema semántico. Su bautizo oficial nació de un eslogan político, para descalificar a la oposición y acusarla de preferir la guerra, el Gobierno politizó el acuerdo. Llamarlo de tal manera es un engaño que puede devolverse como búmerang con el paso del tiempo. La inseguridad continuará, originada en causas que aún no se han removido, como el narcotráfico, las Bacrim, la acción de los miembros de las Farc que desacaten la orden de sus jefes y el ELN. Para consolidar la paz nos falta un largo trecho.La recuperación de la gobernabilidad de manera integral en esos rincones del país, abandonados a su propia suerte, donde se ha enquistado la violencia, tomará años. Su desarrollo e integración a la vida económica del país, demanda una decisión política, hoy inexistente. En la actualidad dichas comunidades sobreviven, con características de repúblicas autónomas, muy distantes del gobierno nacional y de los departamentales. Esta ausencia del Estado ha sido una de las causas que ha propiciado el fortalecimiento de los grupos subversivos. Toda sociedad demanda un gobierno, y si el institucional no aparece, se sustituye por el grupo más fuerte.

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