Macrocefalia colombiana (II parte)

Macrocefalia colombiana (II parte)

Octubre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Hace dos semanas señalaba la preponderancia que Bogotá ha adquirido en las dos últimas décadas, y algunas de sus consecuencias. Me referí en aquella oportunidad, más que todo, al efecto sobre nuestra comarca. Sin embargo, la parte más grave es el impacto que las fuerzas centrípetas producen en las regiones más débiles. Conviene advertir que el centralismo también es practicado por las capitales de los departamentos.El Distrito Capital concentra ahora el 48% de la cartera bancaria de todo el territorio nacional y el 60% de los depósitos bancarios; no obstante, departamentos como Antioquia, el Valle, Atlántico y Bolívar han logrado contener precariamente el huracán centralista, gracias a la fortaleza de sus instituciones económicas privadas. Los mencionados territorios ganaron participación en la cartera, durante las dos últimas décadas, hasta llegar al 35% y han mantenido su misma porción en los depósitos, el 21%. El efecto sobre los departamentos fuertes es nocivo, pero no dramático. Lo que constituye una alarma es el impacto del centralismo sobre las regiones más débiles. Las juventudes que habitan estos territorios no encuentran salidas que valgan la pena para satisfacer sus aspiraciones, por consiguiente migran en la búsqueda de un mejor porvenir a las ciudades más atractivas, engrosando los cordones de miseria que prevalecen en nuestras urbes. Si a esta tendencia le añadimos los desplazamientos por la violencia, el cuadro es dramático. El Pacífico colombiano es un territorio abandonado por el Gobierno Nacional. Los índices referentes a educación y salud, que indican el bienestar de la población, muestran resultados francamente lamentables y conmovedores. Allí no existen hospitales y escuelas suficientes que atiendan a los habitantes del territorio, y los pocos o pocas que subsisten, funcionan en condiciones muy precarias. El analfabetismo y las enfermedades tropicales avasallan a la población. La juventud que logra sobrevivir en este ambiente hostil, no encuentra oportunidades para progresar. El único objetivo lícito para satisfacer sus justas aspiraciones es emigrar. Para los nativos del Litoral Pacífico que emigran, su primera escala es Buenaventura, Tumaco o Quibdó, luego, la ciudad preferida por su clima y ambiente es Cali, razón por la cual la población afrodescendiente ha aumentado considerablemente en nuestra ciudad, sin que existan programas, ni recursos económicos para recibir e integrar este alud.No es por casualidad que la guerrilla, después de fracasar en el asedio a las ciudades más importantes del país, se haya replegado a las regiones más abandonadas por el Gobierno Nacional. Allí solamente existe carencia absoluta de oportunidades de progreso personal, el mejor caldo de cultivo para la subversión. Ciertamente hoy existe la presencia de las Fuerzas Armadas, pero la intervención social del resto del Estado es nula. A la actividad subversiva se le añade la demoledora acción del narcotráfico.Al igual que en el Pacífico, existen poblaciones en muchas otras regiones del país, como algunos territorios del Departamento del Cauca y Nariño, el Putumayo y el Caquetá, para solo mencionar al suroccidente de Colombia, que subsisten en condiciones muy precarias, con un futuro muy oscuro.A los ciudadanos de la Capital que viven inmersos en un nivel económico semejante al de algunos países desarrollados, les es muy difícil apreciar las necesidades de los habitantes de las regiones marginadas, son proclives a la indiferencia. ‘Ojos que no ven, corazón que no siente’.

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