Luces y sombras

Junio 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Las Fuerzas Armadas del país lograron otro éxito excepcional al rescatar de las fauces de las Farc a cuatro militares secuestrados desde hace más de una década. Es la segunda operación de gran impacto realizada de manera impecable. La primera fue la denominada Jaque, cuando además de once efectivos militares, se liberaron los secuestrados de más renombre y repercusión en ese entonces: la ex candidata Ingrid Betancourt y tres contratistas estadounidenses. En aquella época, la prensa internacional continuamente aludía a la retención de estas personas. Ahora, mediante un plan maestro, se realizó el rescate del militar de más alto rango privado de su libertad por las Farc, el general Luis Mendieta de la Policía Nacional. Ambas operaciones se cumplieron sin que en su ejecución se hubiesen producido víctimas. Llegar a este grado de perfección en las acciones militares demuestra el profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas. Son destellos de la eficacia que hoy en día impera en la institución armada.Para que se lograra planear y llevar a cabo de manera perfecta la operación Camaleón se requirieron varios años de inmensos esfuerzos, plasmados en decisiones innovadoras y creativas. Ciertamente en las Fuerzas Armadas se ha producido una transformación, en buena parte originada en el entrenamiento de sus miembros en múltiples aspectos estratégicos y tácticos de la lucha armada. Vale la pena señalar lo concerniente a la inteligencia, factor decisivo en ambos sucesos. En una lucha contra la subversión, la obtención y el manejo de la información son esenciales.Se destaca también la integración de todas las instituciones que componen las Fuerzas Armadas de Colombia, para cumplir propósitos comunes, como se procedió en los dos rescates mencionados. Anteriormente, en no pocas ocasiones, cada institución competía por obtener los méritos para si mismos, desconociendo la inmensa fortaleza que se origina cuando se trabaja conjuntamente, sin importar a cual institución se le atribuye el reconocimiento. Tener la humildad y el coraje para someter la vanidad no es tarea fácil, requiere carácter y disciplina. Sin duda este espíritu de cuerpo se ha constituido en un factor importante para desarrollar efectivamente la labor que le corresponde.Falta aún rescatar la confianza que se le debe profesar a la institución armada en varios lugares de la periferia del país. En las grades ciudades existe una imagen positiva por la labor desarrollada, las encuestas de opinión así lo corroboran, pero en lugares como el suroccidente del territorio nacional y en la región Pacífica, aún hay trecho por recorrer para establecer vínculos de confianza, credibilidad y respeto con buena parte de la sociedad civil. No es una labor fácil, puesto que en estas zonas ganó presencia y poder la narcosubversión la cual sustituyó, para efectos prácticos, al Estado. La labor de pacificación no le compete exclusivamente a las Fuerzas Armadas, se requiere también el concurso de todas las ramas del Gobierno.Infortunadamente Colombia, tradicionalmente una nación de regiones, se ha centralizado en exceso. La riqueza se ha concentrado en las grandes ciudades y de manera singular en Bogotá. Las oportunidades de progreso para muchos de los habitantes de la periferia son escasísimas o inexistentes, lo cual le permite a la narcosubversión atraerlos hacia sus actividades ilícitas, con ofertas económicas atractivas. Se trata de una lucha desigual, mientras el Gobierno Nacional no inicie planes para desarrollar económicamente zonas tan abandonadas como la región Pacífica.

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