Los errores se pagan

Julio 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Lo ocurrido en Grecia en materia económica parece una telenovela, con ires y venires, valles y cimas, vueltas y revueltas, presentada en varios capítulos, durante el transcurso de cinco años. La realidad se asemeja a la ficción, por su dramatismo y suspenso. Infortunadamente con consecuencias funestas para la población, en especial la más vulnerable, la que cuenta con menores recursos para enfrentar las vicisitudes. Cuando se creó el euro, moneda acogida por 19 países del Antiguo Continente, se establecieron estrictas normas para adoptarlo, no obstante se dejó en libertad a los países en materia presupuestal, tributaria y de legislación laboral, lo cual ha ocasionado no pocas incertidumbres sobre su subsistencia en el largo plazo.Un ejemplo es Grecia, nación que hace cinco años tuvo su primera crisis, que se repitió dos años más tarde, debido a la imposibilidad de atender sus deudas, las cuales fueron subsanadas por el Banco Central Europeo que acudió aportando la suma de 240.000 millones de euros, no sin antes exigirle orden y austeridad. En ambas ocasiones su gobierno confesó haber maquillado las cifras. Grave error de un país perteneciente a un sistema cuya regla de oro debiera ser la transparencia y la credibilidad. Durante el último quinquenio, Grecia ha decrecido considerablemente, a tal punto que hoy tiene un desempleo del 25,6 %. Una parte de la opinión europea asevera que su pobrísimo desempeño económico se debe al desorden y al despilfarro, otro bando lo atribuye a las medidas de austeridad. En las últimas elecciones ganó el Syriza, partido político de izquierda, bajo la premisa de que tales medidas habían causado una “crisis humanitaria”, palabras de su primer ministro, Alexis Tsipras. Durante varios meses él y su exministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, trataron de lograr lo imposible, negociar un acuerdo que pudiera satisfacer las promesas ofrecidas a sus electores, con expresiones tales como: “Estricta y humillante austeridad”. Ante la imposibilidad de lograrlo, el Primer Ministro decidió someter la última propuesta de la autoridad europea a un referendo, supuestamente para vulnerar las exigencias de sus posibles financiadores.La votación del referendo fue la esperada. Ganó el no. Nadie acepta condiciones de sacrificio frente a la posibilidad de mejorarlas. Para sentarse nuevamente a negociar, con la finalidad de lavar su imagen ante su contraparte europea, decidió sacrificar a su ministro Varoufakis. Obviamente le pidió la renuncia después del referendo.Como era de esperarse, no logró ablandar la voluntad de su contraparte. Entre otras razones porque no todas las 19 naciones son ricas, las hay pobres, cuyos ciudadanos tienen condiciones de jubilación mucho más austeras que las de los griegos. Aún subsisten quejas sobre evasión tributaria no resueltas. Además, después de dos rescates, la confianza de los rescatistas está vuelta añicos.Recientemente el señor Tsipras se vio obligado a aceptar unas condiciones económicas más desfavorables que las ofrecidas antes del referendo, y tramitar su aceptación ante el Parlamento griego, con un costo político devastador. El populismo es una política que tarde o temprano pasa cuenta de cobro. Basta mirar a nuestro vecino, Venezuela, que está sufriendo una escasez de productos vitales intolerable.

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