Legalización de la droga

Febrero 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Nuevamente se está ventilando el tema de la legalización de la droga. El presidente Santos lo trajo a colación en su viaje al Reino Unido, ahora se dice que debe ser un tema de la Cumbre de las Américas, próxima a realizarse en Cartagena. El término droga comprende un amplio espectro de sustancias psicoactivas, como la nicotina o el alcohol, hoy legalizadas en la gran mayoría de los países, o como la marihuana, la cocaína y la heroína totalmente prohibidas en todo el mundo. Cuando se trata de la legalización, buena parte de las personas y este artículo en particular se refieren a la producción, comercialización y consumo de la cocaína y la marihuana, derivadas de plantas que crecen en el trópico, cuyo producto final es consumido primordialmente por estadounidenses y europeos, aunque también es demandado en los países productores. Los castigos aplicados a la producción son ejemplarizantes. Buena parte de los presos en las cárceles del mundo han sido condenados por este motivo. Curiosamente para el consumo no ha existido el mismo rigor en las penas. Si no existiera la demanda no habría oferta. De todas maneras esta lucha no ha dado los resultados esperados. El consumo y la producción continúan creciendo. Las ingentes cantidades de dinero y el sinnúmero de vidas que se han cegado con este propósito no lo han impedido.La ilegalidad del narcotráfico conduce a la clandestinidad e irremediablemente induce a la proliferación del crimen. Otro de los efectos es el incremento considerable en los precios, como consecuencia de la represión a la producción, sin la correspondiente disminución del consumo, resultado inexorable de la ley de la oferta y la demanda.Las secuelas de la criminalización del narcotráfico la hemos sufrido en carne propia por más de tres décadas: la corrupción de nuestras costumbres, la indudable contaminación de la actividad política, la fuente económica de la subversión, ya sea guerrilla o bandas criminales, y por sobre todo, la violencia, que tanta sangre ha hecho correr. Su proliferación ha constituido inmenso lastre que hemos tenidos que contrarrestar en la búsqueda del bienestar social y económico. El narcotráfico es sin duda, nuestra mayor calamidad de los últimos años. Un tremendo cáncer con consecuencias nefastas.En los comienzos del siglo pasado los EE.UU. prohibió el consumo del alcohol, la Ley Seca. Durante varios años se luchó inútilmente contra la producción y la distribución. Fueron los años del florecimiento de las mafias. Los nombres de Al Capone y de Bugs Moran son leyendas conocidas. Los asesinatos y la vida escandalosa de los violadores de la Ley Seca, se convirtió en el pan nuestro de cada día. Los mafiosos compraban la Policía y los jueces. Cualquier parecido con las épocas que vivimos en Colombia o México no es mera coincidencia. El rico y poderoso gobierno de Estados Unidos tampoco pudo controlar la ilegalidad y llegó a la conclusión de que la mejor solución era abolir la prohibición. La diferencia con lo que está ocurriendo actualmente es que la producción ocurre fuera de sus fronteras, por lo tanto los padecimientos de la criminalidad los están sufriendo sus vecinos del sur. Otro criterio tendrían los EE.UU. y los países de Europa si toda la actividad del narcotráfico, producción y consumo, se realizara en su territorio.Claro está que para que la legalización de la droga tenga los efectos deseados, es indispensable que la medida se acate por la mayor parte de los países y que se establezcan normas para regularla.

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