La otra cara

Septiembre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Las monedas tienen dos caras, lo mismo las revistas, los libros y muchos otros objetos; anverso y reverso. A raíz de la captura del general de la Policía, Mauricio Santoyo, hemos sufrido otra de las decepciones a las cuales estamos habituados los colombianos. El ánimo se nos viene a los pies cuando escuchamos estas noticias. Inusitado que un General, que ha recibió una formación de toda una vida para servir y proteger a sus conciudadanos, que tuvo la oportunidad de beneficiarse, él y su familia, de los halagos de una existencia digna y confortable, pagada por los contribuyentes, haya cometido crímenes execrables contra sus propios compatriotas, camuflado por su investidura. Sus actuaciones producen repulsión visceral. En el pasado también hemos sido testigos de un Coronel del Ejército que asesinó a un grupo de policías que se encontraba realizando un operativo en una casa, al sur de Cali, de un presunto narcotraficante, precisamente para luchar contra este flagelo. Todavía se comentan en la prensa los asesinatos de ciudadanos inocentes cometidos por parte de unos efectivos de nuestras Fuerzas Armadas, denominados falsos positivos, dizque para acumular méritos en sus hojas de vida. ¡Qué crimen más horrendo!De otro lado vemos cómo la Justicia ha condenado a militares por acciones de guerra en defensa de nuestras instituciones con sentencias discutibles o dudosas. Existe poca confianza en la probidad de la justicia por parte de la ciudadanía debido sus fallos. Hace unos pocos lustros los narcotraficantes desafiaban abiertamente a la ciudadanía con acciones violentas para amedrentarla y obstaculizar que se aprobara la extradición. Si los narcos aún cometen crímenes, los subversivos no descansan, secuestrando, atacando poblaciones inermes, explotando bombas como las que destruyeron el Palacio de Justicia, aún sin reconstruir por la negligencia del Consejo Superior de la Judicatura.Todo lo anterior son síntomas de gobiernos impotentes y de un país con un futuro negro. Sin embargo, existen otros hechos que demuestran lo contrario. Las encuestas de opinión evidencian una de las sociedades más optimistas y felices del mundo. Como nunca antes el país se ha convertido en un polo de atracción para los inversionistas extranjeros. Se han consumado golpes letales contra la guerrilla y el narcotráfico. La Policía es una de las instituciones más admiradas, después del Ejército. El PIB de la Nación muestra cifras sin precedentes. Vamos a sobrepasar a la Argentina este año, en un indicador que define el tamaño de la economía, lo que nos colocará en el tercer lugar de Latinoamérica. Los índices de desempleo continúan bajando. Nuestro ingreso por persona se ha incrementado considerablemente. Las exportaciones alcanzan guarismos cercanos a los US $50.000 millones al año, impensables en el pasado. Nuestros deportistas triunfaron como nunca antes en las Olimpiadas de Londres. Tenemos cantantes destacadísimos como Shakira y Juanes. Brillan jugadores de fútbol en las ligas de Europa. Resplandecen con luz propia artistas de la talla del maestro Botero. Las limitaciones de espacio no me permiten continuar enumerando colombianos sobresalientes en el contexto mundial. Todos estos hechos evidencian desarrollo y progreso en múltiples campos.Sin desconocer que existen problemas importantes aún por resolver, como las desigualdades económicas, definitivamente nuestra cara positiva resplandece con luz más intensa que el lado oscuro. A pesar de los inmensos obstáculos y enemigos, Colombia avanza sin pausa.

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